Yo fui la más callada, Julia de Burgos

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Yo fui la más callada
de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo...

No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
en inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

Un día, por las playas amarillas de histeria,
muchas caras ocultas de ambición te siguieron;
por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos
se colaron las voces sin cruzar tu misterio...

Yo fui la más callada.
La voz casi sin eco.
La conciencia tendida en sílaba de angustia,
desparramada y tierna, por todos los silencios.

Yo fui la más callada.
La que saltó la tierra sin más arma que un verso.
¡Y aquí me veis, estrellas,
desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!

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Análisis

En este poema de Julia de Burgos se nos presenta la relación de una mujer y un hombre. En concreto, se nos describe por parte de la protagonista su relación de amante con un hombre que es conocido por tener relaciones con otras muchas.

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Si bien es posible que este hombre esté casado, por el tipo de relación que tiene, se nos apunta en la segunda estrofa que, aunque el inicio fue ingenuo, ella fue consciente de que la relación con este hombre sería algo que nadie conocería y que no sería aceptada. Ella se entrega totalmente a esta aventura como algo novedoso y atrayente.

En la tercera estrofa se nos indica que lo que siente no tiene que ver con el interés, con las riquezas, etc. Ella se ve a sí misma como un mascarón de proa de un barco, que es la parte más bella de un barco y, sin embargo, es de las partes que pasa más desapercibida a la gente. Es decir, ella es parte de algo, de una relación que no tiene futuro y, como el mascarón, quiere ser parte de ese viaje.

En la primera parte de la cuarta estrofa se nos habla de ese deseo pasajero que brilla por la novedad, aunque para él ella será una conquista más. En la segunda parte de esta estrofa se incide en esta idea de que ella sabe que tiene fecha de caducidad y que la abandonara. Lo nota en su gestualidad, que lo delata aunque quiera ocultarlo.

En la quinta estrofa se nos habla de la entrega total sabiendo lo que oculta, ese abandono que llegará pronto y que habíamos indicado antes, su otro yo que saldrá antes o después. Para ella él es el sol, y ella gira a su alrededor como los girasoles. Sin embargo se da cuenta de que esa luz sólo ilumina una persona, que es a su amante.

En la sexta estrofa se nos indica que el amante la abandonado, algo que ya sabía qué sucedería. Eso no evita el dolor, la culpabilidad por sentirse ingenua y creer que podría cambiarlo. Para él, como ella presiente, una relación nueva es algo que forma parte de él, es una necesidad vital tener una nueva relación.

En la séptima estrofa la protagonista del poema hace una interpretación personal del amado, en la que cree que las personas que están a su alrededor sólo están por el interés y que, en el fondo, estas relaciones que él tiene no le satisfacen y que además le hacer sufrir.

En la octava estrofa vuelve a insistir en que ella siente que ha sido la relación más discreta que ha tenido y la más sincera, porque no había interés por el medio. Finalmente, la última estrofa se nos habla de la sensación de soledad que ella tiene por la pérdida de su amante y, al mismo tiempo lo sola y enamorada que está.


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