El torbellino, Amado Nervo

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«Espíritu que naufraga
en medio de un torbellino,
porque manda mi destino
que lo que no quiero haga;

»frente al empuje brutal
de mi terrible pasión,
le pregunto a mi razón
dónde están el bien y el mal;

»quién se equivoca, quién yerra;
la conciencia, que me grita:
¡Resiste!, llena de cuita,
o el titán que me echa en tierra.

»Si no es mío el movimiento
gigante que me ha vencido,
¿por qué, después de caído,
me acosa el remordimiento?

»La peña que fue de cuajo
arrancada y que se abisma,
no se pregunta a sí misma
por qué cayó tan abajo;

»mientras que yo, ¡miserable!,
si combato, soy vencido,
y si caigo, ya caído
aún me encuentro culpable,

»¡y en el fondo de mi mal,
ni el triste consuelo siento
de que mi derrumbamiento
fue necesario y fatal!»

Así, lleno de ansiedad
un hermano me decía,
y yo le oí con piedad,
pensando en la vanidad
de toda filosofía...

y clamé, después de oír
«Oh mi sabio no saber,
mi elocuente no argüir,
mi regalado sufrir,
mi ganancioso perder!»

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Análisis

El poeta siente que su sino es hacer aquello que su interior dice que no haga. Se pregunta dónde están los límites del bien y del mal. También se da cuenta que hay que ser consecuente cuando uno se equivoca y también luchar ante la adversidad. Cuando uno tiene una pérdida, aunque él no haya tenido la culpa, siente que tiene parte de responsabilidad.

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Sólo el ser humano siente algo así. Las cosas, lo inerte, otros seres vivos… no tienen sensación de culpa. El ser humano no puede evitar tener ese sentimiento. Cuando uno tiene sensación de culpa nada puede consolarlo, aunque hubiera una motivación justificada. Un hermano del poeta habla con él para aconsejarlo, como un erudito. Sin embargo no encuentran respuesta a lo que siente. Sólo queda el sufrimiento y la pérdida.

El poeta se pregunta acerca del bien y del mal, de sus límites y cómo nos afecta como seres humanos. Cuando nos adentramos y releemos el poema varias veces, nos damos cuenta que, para el poeta, es importante que cada uno de nosotros se implique desde el punto de vista personal y afectivo con las personas que quiere, con las personas que son importantes para él porque, de otro modo, si estas personas desaparecen, por el motivo que sea, la responsabilidad de que esto ocurra es en parte nuestra.

El ser humano se hace cada vez más individualista y le importa menos lo que le ocurre a los demás. La sociedad, las personas nos estamos volviendo más egoístas y no nos demos cuenta de que nuestros actos egoístas tienen consecuencias en muchos aspectos. Cuando alguien sufre y no estamos a su lado, es un punto de apoyo que él pierde y un paso más a la autodestrucción.

Además, el poeta también se da cuenta de la ignorancia del propio ser humano acerca de esto. No damos cuenta de que poco a poco nos estamos alejando de los demás, de que mientras aumenta el individualismo y egoísmo, nos volvemos menos personas, más vacíos de sentimientos y, sobre todo, cosificamos nuestro propio ser. Es por ello que, al final del poema, el poeta se siente más perdido y más lleno de frustración cuanto más consciente es de lo que le rodea y del camino que está emprendiendo el ser humano.


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