No tan alto, Pablo Neruda

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De cuando en cuando y a lo lejos
hay que darse un baño de tumba.

Sin duda todo está muy bien
y todo está muy mal, sin duda.

Van y vienen los pasajeros,
crecen los niños y las calles,
por fin compramos la guitarra
que lloraba sola en la tienda.

Todo está bien, todo está mal.

Las copas se llenan y vuelven
naturalmente a estar vacías
y a veces en la madrugada,
se mueren misteriosamente.

Las copas y los que bebieron.

Hemos crecido tanto que ahora
no saludamos al vecino
y tantas mujeres nos aman
que no sabemos cómo hacerlo.

Qué ropas hermosas llevamos!
Y qué importantes opiniones!

Conocí a un hombre amarillo
que se creía anaranjado
y a un negro vestido de rubio.

Se ven y se ven tantas cosas.

Vi festejados los ladrones
por caballeros impecables
y esto se pasaba en inglés.
Y vi a los honrados, hambrientos,
buscando pan en la basura.
Yo sé que no me cree nadie.
Pero lo he visto con mis ojos.

Hay que darse un baño de tumba
y desde la tierra cerrada
mirar hacia arriba el orgullo.

Entonces se aprende a medir.
Se aprende a hablar, se aprende a ser.
Tal vez no seremos tan locos,
tal vez no seremos tan cuerdos.
Aprenderemos a morir.
A ser barro, a no tener ojos.
A ser apellido olvidado.

Hay unos poetas tan grandes
que no caben en una puerta
y unos negociantes veloces
que no recuerdan la pobreza.
Hay mujeres que no entrarán
por el ojo de una cebolla
y hay tantas cosas, tantas cosas,
y así son, y así no serán.

Si quieren no me cran nada.

Sólo quise enseñarles algo.

Yo soy profesor de la vida,
vago estudiante de la muerte
y si lo que sé no les sirve
no he dicho nada, sino todo.

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Análisis

En este poema, hay una intención pedagógica importante para hacer ver al lector cómo la sociedad se ha quedado en lo superficial, en lo trivial, haciendo del individualismo, algo demasiado habitual, algo que nos aleja de los demás y que nos hace creer en la presunción de que lo que nos rodea tiene que ser admirado, venerado, etcétera, como si fuera algo único y esencial.

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El poeta siente que debemos ser conscientes de la realidad que nos rodea periódicamente. Según como la veamos, lo que nos rodea es positivo o negativo. La gente deambula, la infancia pasa, económicamente estamos mejor. Según como se mire, la realidad es buena o mala.

Derrochamos sin medida sin darnos cuenta de que olvidamos el pasado, olvidamos lo que hacemos y a las personas con quienes compartimos algo. Estamos en un momento que no vemos a los demás. Cuanto más tenemos más creemos que estamos por encima de los demás.

Demasiadas relaciones con mujeres hacen que olvidemos el juego amoroso. Nos preocupamos demasiado de nuestro aspecto, de lo exterior y pensamos que lo que hacemos es lo único importante. Muchas veces se dicen cosas sin sentido, tonterías de las que no somos conscientes pero que decimos como algo real, profundo y meditado. Se ve eso y mucho más.

Se ven malas personas bien vestidas y con buenas maneras. Pero también se ha visto a gente buena pobre, sin nada que comer. Nadie cree que lo que dice el poeta sea cierto. Él invita a poner los pies en la tierra. El hombre ha de tener orgullo pero siendo realista. Si somos así, realistas, seremos de otra manera y más conscientes de lo que decimos.

No seremos tan racionales, pero tampoco viviremos en una ensoñación. Seremos conscientes de nosotros mismos, de nuestra mortalidad y de que desapareceremos al morir. Hay poetas reconocidos, empresarios que no piensan en los que menos tienen, mujeres que no lloran. En la vida hay de todo y puede ser así o no, todo depende de nosotros.

El poeta se dirige directamente al lector, al que sabe que puede o no convencer. Este poema tiene un fin moral, pedagógico. La vida, su trayectoria vital, ha enseñado al poeta mucho acerca de la realidad. Cree que le ha enseñado lo más importante de la vida, aunque los demás no lo crean.


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