Sonetos – I, Octavio Paz

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Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud se cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,
detenido esplendor del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y fuego equidistante.

Espada, llama, incendio cincelado,
que ni mi sed aviva ni la mata,
absorta luz, lucero ensimismado:

tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra oscura.

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Análisis

La pasión, el sexo es uno de los sentimientos, junto al dolor, más fuertes y que más se reflejan en la poesía. Con mayor o menor capacidad para expresarlo, muchos poetas plasman en su trabajo literario estos sentimientos con mayor o menor medida. Sin embargo es algo que va implícito no sólo en la literatura, sino en la poesía de autores masculinos. En este soneto, además de la parte emocional del poeta plasmando sus sentimientos, la parte sexual tiene una gran carga y arrebata al poeta a través de los versos de este soneto.

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Las sombras que reflejan una luz en la pared nos muestran una escena sexual detenida una vez acabada en el momento cumbre, en el orgasmo la mujer, sin que haya un solo movimiento más, lo que detiene esa “danza” sexual. Todo ese fuego, ese calor y brillo del momento, inunda el poeta.

El poeta no es capaz de resistir la mirada para quien lo es todo para él. Cada vez que se aman, que el sexo llega a su lado, el poeta siente que es un momento de pureza, casi virginal. Pero la pasión y la realidad lo arrebatan, entregándose a la pasión sin mesura y, como el agua, vuelven a inundarlo por completo.

Como podemos comprobar, la sexualidad es algo importante en la poesía de muchos autores ya que es parte esencial de su vida, de sus relaciones personales y, sobre todo, fuente de inspiración poética para su creación literaria. Sin embargo, como podemos observar a través de los diferentes versos, lo femenino queda siempre en un segundo plano.

Si releemos el poema vemos que la mujer o la amante casi no se identifican, está siempre en un aparte. Es una persona que responde a los deseos del poeta de una manera casi sumisa y, podríamos decirlo, que está para dar placer al poeta. En ningún caso los sentimientos de esta aparecen y mucho menos sabemos si corresponde a los sentimientos del poeta.

Lo que sí está claro es que, para el autor, lo importante en este poema es la parte más carnal de la relación y como esta le influye y le descontrola. Durante el tiempo que está con esa mujer no es capaz de reaccionar de manera racional y coherente. Se entrega por completo a ella, al sexo, sin importar lo que pueda suceder después.


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