Sonetos II, Octavio Paz

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Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud se cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,
detenido esplendor del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y fuego equidistante.

Espada, llama, incendio cincelado,
que ni mi sed aviva ni la mata,
absorta luz, lucero ensimismado:

tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra oscura.

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Análisis

La mujer es uno de los principales temas que los poetas tratan en sus obras. Se ha visto la infinidad de prismas con las que se ve la figura de lo femenino, ya sea a través de metáforas, personificaciones… Se las ha descrito desde la forma más sublime hasta la más perversa, pero siempre como referencia de alguien a quien el hombre teme, atrae, ama, etc.

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En este caso, el poeta habla de la mujer a través del mar y de cómo ésta es un reflejo, como si fuera un espejo, de ese elemento y de sus atributos. Así, en la primera estrofa, ella es una imagen reflejada en la superficie. Un cuerpo se transforma en el agua misma y, como la marea misma, nada salada hasta la orilla, donde, como dice el poeta, desaparece, muere y se convierte en un recuerdo, en un reflejo bajo la luz del sol que, como la marea vuelve una y otra vez.

En la segunda estrofa, la mujer tiene mucha más fuerza, mucho más poder, hasta el punto de escapar de la cárcel líquida para convertirse en roca que, como un puñal que la atravesara, va poco a poco asomando mientras la marea se va a retirando hasta dejar esa roca completamente desnuda.

En el primer terceto de este poema, el poeta quiere vivir cada instante con ella, cada imagen, cada gesto, todo. Y ese recuerdo lo equipara a la imagen que retiene del mar y de todo lo que en él hay. Cada momento vivido, es único y han sido tan importantes que unos pocos momentos, para el poeta, son infinitos.

El recuerdo de la amada, de su cuerpo y de todo lo que ello significa, es tan importante para el poeta que los cielos grises, metálicos, lluviosos, tristes, dejan de serlo. Finalmente, en este último terceto, el poeta le atribuye el poder de abrir la tierra y dejar que entre el mar, pero en este caso de una forma oscura, quizá porque es un amor no correspondido o porque, sencillamente, la relación terminó de una forma posiblemente negativa para él.

Es importante señalar que la visión negativa del amor, desde el punto de vista masculino en la poesía, siempre va relacionando con un ataque o una manera de ver a la mujer desde su punto de vista, sino misógino, sí como algo negativo desde el punto de vista sentimental y también con una imagen de la mujer que tiene la capacidad para someter la voluntad del masculino. En muchas ocasiones no se nos ofrece una explicación del por qué, sólo sentimientos negativos, enrevesados y, finalmente, con la soledad terrible del poeta.


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