Soneto, Rubén Darío

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Este gran don Ramón de las barbas de chivo,
cuya sonrisa es la flor de su figura,
parece un viejo dios, altanero y esquivo,
que se animase en la frialdad de su escultura.

El cobre de sus ojos por instantes fulgura
y da una llama roja tras un ramo de olivo.
Tengo la sensación de que siento y que vivo
a su lado una vida más intensa y más dura.

Este gran don Ramón del Valle-Inclán me inquieta,
y a través del zodíaco de mis versos actuales
se me esfuma en radiosas visiones de poeta,

o se me rompe en un fracaso de cristales.
Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
que se lanzan los siete pecados capitales.

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Análisis

Este soneto está dedicado a un gran escritor, que es don Ramón María del Valle-Inclán, cuya imagen recuerda a un antiguo dios, alejado y lejano del hombre, frío y, al mismo tiempo, con la fuerza para hacer lo que desee. Su mirada puede ser hiriente, fuerte. El poeta siente que aprende mucho su lado, desde un punto de vista vital, personal e intelectual.

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Cuanto más lo conoce, más se da cuenta de los matices de su personalidad y más le gusta plasmarlos en sus versos. Crea poesía y con ella están reflejadas las pasiones que el ser humano tiene, de los pecados que todos nosotros poseemos por igual: la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia; los siete pecados capitales.

En este caso, el soneto está dedicado a una persona que ha sido muy relevante e importante en la vida del poeta. Está tal la gratitud y respeto que siente hacia su figura, que la ve deificada y su imagen recuerda a esos dioses antiguos y terribles, que al mismo tiempo tenían esa capacidad para la bondad y el perdón.

Por lo que podemos extraer de los versos, conocer esta persona ha influido no solamente en su modo de escribir, sino que también ha sido importante para marcar su personalidad y su vida. No solamente ha sido una referencia desde el punto de vista literario sino que ha sido un mentor, un punto de referencia en todo lo relacionado con el mismo.

Para el poeta, Ramón María del Valle-Inclán era capaz de extraer lo mejor y lo peor del ser humano y plasmarlo en unos versos, en un texto y provocar en el lector un sobrecogimiento, conectando con este y haciendo que entendiera cuál es el mensaje que quería transmitir con lo que escribía.

Para el poeta, Valle-Inclán plasmó muy bien los pecados del hombre, los siete pecados que todos llevamos dentro a través, desnudando el alma y mostrando las bajezas del hombre, así como también sus virtudes. No podemos entender la figura del poeta que escribe estos versos sin tener en cuenta a esta figura, que es referencia de la literatura: Valle-Inclán.


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