Soneto de la Dulce Queja, Federico García Lorca

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Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

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Análisis

El poeta no desea ser rechazado por la persona que ama. Desea esos momentos íntimos y recuerda la marca de los besos y los jadeos en su rostro, ese tono rosado que tienen también los chupones, las marcas de la pasión. Para el poeta, si no está con él se siente vacío, desnudo. Cree que no tiene nada que ofrecer a quien le da vida.

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Cree que es poca cosa para su amado. No puede decir quién es su amante y esto le hace sufrir como Jesús lo hizo en la Cruz y, al mismo tiempo, se siente unido emocionalmente a él, encadenado. No quiere perderle. Prefiere ser parte de su vida, aunque sufra y aunque nadie conozca su relación, a no ser nada.

Estamos ante una relación prohibida, ante una relación en la que hay un amor correspondido, pero que sin embargo tiene que ocultarse. Cuando profundizamos en el poema, nos damos cuenta de que es un amor homosexual, algo muy perseguido y por el que te podían encerrar en la cárcel, además del repudio social que esto conllevaba.

Es por ello que el poeta tiene que ocultar la relación, sabiendo las consecuencias de lo que pasaría si fuera conocido. Podemos interpretar que la otra persona, su amante, está casado y seguramente tiene familia. Sin embargo, la rabia del poeta por no poder decir lo que siente y expresar su amor con libertad le hace sufrir.

Aun con todo ello, prefiere seguir ocultando la relación a perder a la persona que ama. Para el poeta, su amor lo es todo para él, desde el punto de vista emocional, desde el punto de vista físico y, sobre todo, desde el punto de vista sexual. Lo ama de manera incondicional y es este sentimiento el que le hace sufrir y, al mismo tiempo, le hace sentirse más unido al amante.

El poema es una constante lucha interior del poeta entre lo que desea y lo que tiene, entre lo que le gustaría que sucediera y la realidad de lo que sucede, entre una situación ideal y la vida misma. Lo más destacado es que él no puede hacer nada para cambiar lo que sucede. Únicamente puede aceptar su situación amorosa como es y como está o perderlo todo y el poeta prefiere ser el amante en la sombra a no ser nada.


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