Soneto amoroso, Francisco de Quevedo

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A fugitivas sombras doy abrazos;
en los sueños se cansa el alma mía;
paso luchando a solas noche y día
con un trasgo que traigo entre mis brazos.

Cuando le quiero más ceñir con lazos,
y viendo mi sudor, se me desvía,
vuelvo con nueva fuerza a mi porfía,
y temas con amor me hacen pedazos.

Voyme a vengar en una imagen vana
que no se aparta de los ojos míos;
búrlame, y de burlarme corre ufana.

Empiézola a seguir, fáltanme bríos;
y como de alcanzarla tengo gana,
hago correr tras ella el llanto en ríos.

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Análisis

Francisco de Quevedo, en este poema, nos habla del amor a través de un soneto. A medida que discurren los versos nos refiere la historia de un amor perdido y de cómo esto transforma sus sentimientos, su vida interior y de su intento de volver a recuperarlo. El problema de este poema es que, por muy serio que nos lo quiera presentarse autor, la ironía envuelve las estrofas del mismo.

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En el primer cuarteto de este poema, a través de la imagen de las fugitivas sombras, nos habla de la pérdida de la amada y de una lucha interna mientras pasan los días. Intenta entender el porqué de su situación mientras el día y la noche se confunden. Está en un momento casi de delirio y en el que esa locura le hace ver a un personaje de la mitología, un trasgo, como sustituto de la propia amada.

En el segundo cuarteto el poeta desborda amor y cuanto más desea la desea llama, más lejos ella se va. Se siente rechazado, sabe que es rechazado y hablar o leer acerca del amor le hace todavía más daño.

En el primer terceto del soneto el poeta quiere vengarse buscando una mujer que lo ame pero a la que él no corresponda y, además, que no le importe. Desea burlarse, reírse de esa mujer por no tener a quien ama. Pero su táctica falla porque a ese amor que él ha perdido no le importa lo que el haga y se aleja todavía más de él.

En el segundo terceto, la manera de llamar la atención de la amada, para ver si ella se interesa nuevamente por él, y que el poeta utiliza como último recurso, es el dar pena, llorar desconsoladamente para qué así, el corazón de ella se aflija y corra nuevamente sus brazos, aunque todo parece indicar que esto nunca sucederá.

Desde un punto de vista literario y poético, más que un poema sobre el amor perdido, parece un poema irónico en el que se busca la risa del lector, convirtiendo una temática seria amorosa en algo divertido. A todo ello contribuye esa continua huida de la amada como respuesta a todas las acciones que el protagonista realiza para recuperarla.

Lo positivo de este poema es que no cae en lo chabacano, sino que intenta mostrar de una manera seria, bien construida, etc., el sentimiento amoroso, ofreciendo como resultado una burla maravillosamente escrita.


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