Silencio, Pablo Neruda

Publicidad
Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.

>> Siguiente >>

Análisis

En este pequeño poema vamos a encontrar elementos muy importantes de la sensibilidad y de la manera de observar la realidad del poeta. También vamos a conocer cuáles son algunos de los pensamientos que importantes y esenciales para este escritor y que plasma a través de estos versos.

Publicidad

Para el poeta, observar es importante porque aprendemos a hablar. Pero más importante es que aprenderemos cuando debemos guardar silencio. Aprender, crecer, madurar, es algo que todo ser humano hace de forma natural y es esto lo que tenemos que tener siempre presente y tenerlo como algo esencial.

Para el poeta lo único que no podemos evitar perder es nuestra inocencia. Hay un momento en el que nosotros, esa naranja, en que nos damos cuenta de la pérdida de ese inocencia cuando nos desgajan, cuando somos conscientes de nosotros mismos y nos damos cuenta de que hemos dejado de ser aquellos pequeños seres y reconocemos en ello nuestra primera pérdida.

Podemos entender el poema de dos maneras. Por un lado podemos interpretar que el paso a la adolescencia y a la madurez supone la caída de un primer velo que nos tapaba y, al mismo tiempo, nos defendía de la realidad de los mayores. Pero por otro lado también podemos interpretar que, cuando avanzamos en nuestras vidas, emprendemos un viaje en el que las pérdidas son una constante y tenemos en nuestra mano la decisión de que nos afecten estas y nos hagan entrar en una espiral de tristeza y dramatismo o, por el contrario, podemos tomar estas, asumirlas y extraer de ellas algo positivo para que ese camino vital que emprendemos sea completamente diferente, nos haga sentir, nos haga conocer otras sendas y vidas, llegando al final de nuestro trayecto habiendo aprovechado todo ese recorrido.

En cualquier caso, la importancia de este poema está en aprender y en utilizar ese aprendizaje para ser mejores, para, desde las pérdidas, encontrar nuestro camino y minimizar todo lo posible esa sensación de vacío y tristeza que implica la vida, que implica el ser uno mismo y cumplir cada día con una etapa que nos lleva irremisiblemente al fin de nuestra propia existencia.


Volver Inicio