Sevillanas del Siglo XVIII, Federico García Lorca

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1

¡Viva Sevilla!
Llevan las sevillanas
en la mantilla
un letrero que dice:
¡Viva Sevilla!

¡Viva Triana!
¡Vivan los trianeros,
los de Triana!
¡Vivan los sevillanos
y sevillanas!

2

Lo traigo andado.
La Macarena y todo
lo traigo andado.

Lo traigo andado;
cara como la tuya
no la he encontrado.
La Macarena y todo
lo traigo andado.

3

Ay río de Sevilla,
qué bien pareces
lleno de velas blancas
y ramas verdes.

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Análisis

No se puede entender la poesía de Federico García Lorca si no se entiende que la música, el teatro, Andalucía y otros conceptos más son esenciales en su obra. A través de ella expresa y nos muestra una parte importante de la vida y costumbres de esa región. Estas sevillanas se dividen en tres partes. Comienza elogiando Andalucía, a su tierra, a su ciudad más famosa, Sevilla, a su fiesta y vestidos, a las costumbres y, por supuesto a su gente. Esta es una parte esencial y, dentro de Sevilla, a los habitantes del barrio de Triana.

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En la segunda parte nos muestra uno de los elementos nucleares de la sociedad andaluza y sevillana en concreto: las procesiones. Las creencias, la religiosidad es algo que es parte de la esencia de esa tierra y que está enraizada en cada hombre y en cada mujer. Son esas creencias, y esa religiosidad las que hacen que destacaque, como nos indica la tercera parte, la virgen de la Macarena. Para el poeta y para los sevillanos, es algo más que una imagen, es un sentimiento que lo llena todo

Paralelo a esto y como parte que engloba al resto, el río Guadalquivir, el reflejo de la luz de los faroles, la ciudad, etc., al poeta le hacen recordar nuevamente esas procesiones, con sus velas y sus aromas a cera.

Para el poeta, Sevilla es algo más que una ciudad, es un punto de referencia de su universo sensible, de su creatividad, de su fe y de su manera de entender la vida y la de quienes los rodean. Conocemos a Federico García Lorca por su gran producción artística, pero también es importante señalar, además de su lucha política, su religiosidad y su amor hacia ciertas costumbres y festividades que influyeron en él de manera esencial y definitiva.

Federico García Lorca demuestra con este poema como, de una manera sencilla, se puede expresar todo un cúmulo de sensaciones personales e íntimas mediante unos pocos versos impecablemente escritos y que nos hacen introducirnos en su manera de observar lo que le rodea, en este caso la ciudad de Sevilla, sus actos religiosos y las gentes que viven en ella.


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