La Saeta, Antonio Machado

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¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

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Análisis

La religiosidad es un elemento muy importante dentro de la poesía y ésta es tocada por la mayoría de los poetas de cualquier época a lo largo de la historia. Si bien es cierto que la mayoría de las ocasiones se ven como algo positivo, como algo a lo que acercarse o todo lo contrario, como algo a lo que atacar y destruir, en este poema no se ataca a la religión de ninguna de las dos maneras. Lo que se hace es una crítica a una forma de interpretarla y vivirla con la que el poeta no está de acuerdo.

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Así, la religiosidad, desde el punto de vista del poeta, no es la del culto enfervorecido, la de la demostración malentendida de esta. Él no aprueba esa necesidad por pasear al Cristo desclavándolo una y otra vez de la Cruz. Es como una crucifixión sangrienta que se repite año tras año, como si se volviera a matar a Jesús delante de todos.

El pueblo salva y condena a Jesús cada año sólo para mostrarlo. Aunque lo pueda mover la fe, esa religiosidad, para el poeta, está malentendida. El siente que la imagen que se ha de tener de Jesús es la del pescador, la de quien se entregó a los demás, no la de su cuerpo sangrante, con llagas y clavado en el madero, la Cruz.

Cuando leemos este poema, nos damos cuenta de que, con el pretexto de glorificar a Jesús y a lo que hizo por todos los hombres, etc., existe un fervor malentendido y que se ha extendido por buena parte de la geografía española, por la que hay una necesidad o un intento de acercarnos a Jesús y lo católico por extensión, desde el punto de vista del sufrimiento y el dolor.

Es en esto en lo que discrepa el poeta. Para él, las enseñanzas que este personaje aportó a sus discípulos y posteriormente, a través de ellos, a todo el mundo, son mucho más importantes que la adoración a su persona y, sobre todo, el recrearse en su imagen doliente, ensangrentada y mortificada. Es algo que él rechaza por completo porque interpreta que es casi un acto de recuerdo constante del castigo que se le dio, a su tortura.


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