Rima LIV, Gustavo Adolfo Bécquer

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Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.

Y, al fin, resbala y cae como gota
de rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana,
volveremos los dos a suspirar.

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Análisis

La Rima LIV pertenece al último apartado de las Rimas de Bécquer en las que aparecen como temas centrales la muerte y la soledad. De nuevo, podemos apreciar en este poema la sencillez y honestidad del autor andaluz. A ojos de un lector de la actualidad, algunos de los sentimientos volcados en su poesía pueden resultar exagerados o impostados, pero Bécquer, como sabemos, es un icono del romanticismo, que vivió su poesía como una catarsis para su alma atormentada.

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No obstante, a la hora de evocar a estos poetas del Romanticismo podemos caer en la tentación de imaginarlos siempre sufriendo, vagando por las calles, ensimismados. Siempre enamorados, siempre angustiados por una mujer. Pero la poesía, además de la manifestación de su espíritu, era un arte y un oficio. Un modo de expresarse, en suma. Suponemos que en la vida cotidiana de Bécquer no todo serían lágrimas y tormento.

La Rima LIV acude a uno de los temas habituales de la poética becqueriana: el paso del tiempo, el tempus fugit. Y ese paso del tiempo queda expuesto a través de la evocación de una relación entre dos amantes, relación ya terminada. La lágrima y el rocío becqueriano aparecen, en este caso, para certificar, que el pasado nunca volverá. Es un poema melancólico, alejado del dramatismo de otras piezas de esta última parte de Rimas. Mitificar el pasado es otra de las vertientes habituales del Romanticismo. Y esto deriva de una faceta muy humana: cualquier tiempo pasado fue mejor, porque solo recordamos lo bueno de ese pasado. Y lo bueno, cuando lo recordamos, se hace aun mejor con el paso del tiempo.

De hecho, Bécquer, en los dos últimos versos, alude a esta cuestión de forma muy sintética. No solo hoy suspiramos por el ayer, sino que mañana suspiraremos por el hoy. No hay forma más sencilla (y poética) de expresar la melancolía por el paso del tiempo. Esta resolución de la pieza concentra toda la habilidad lírica de Bécquer. Solo un gran poeta puede ocultar en versos aparentemente tan sencillos, un mensaje de tanto calado. Y no se necesita ser romántico para emocionarse y sentir empatía por ese sentimiento.

Por otro lado, esta Rima ofrece una estructura externa un tanto diferente a otras piezas becquerianas. El autor sevillano opta por la rima consonante en los versos pares, con dos estrofas en las que combina heptasílabos y endecasílabos. Esta consonancia otorga al poema una sonoridad más fuerte de lo que es habitual en Bécquer.

Un suspiro por el pasado. Un suspiro por el presente. Y casi, un suspiro por el futuro. El alma humana siempre suspirando por el tiempo que no puede detener. No hay beso que dure para siempre, ni amor que no se extinga. Bécquer lo sabía muy bien y lo deja expuesto en esta pequeña, pero elocuente pieza.


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