Rima LII, Gustavo Adolfo Bécquer

Publicidad
Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nube de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las sangrientas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!.

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!.

>> Siguiente >>

Análisis

Si buena parte de las Rimas de Bécquer abordan el tema del amor, en el último apartado de su compilación poética es la muerte la que toma el testigo. La Rima LII es una de las piezas más arrebatadas y dramáticas en las que el autor andaluz suplica por una muerte que acabe de una vez por todas con el dolor y la angustia. Todo ello, tomando como base diversos elementos de la naturaleza para simbolizar las fuerzas incontrolables que están más allá de lo humano.

Publicidad

Se trata de un poema de 4 estrofas en las que se combinan versos endecasílabos y heptasílabos con una rima asonante en los pares. Es una estructura habitual en Bécquer que solía rehuir las rimas fuertes y las estructuras poéticas más clásicas. El objetivo del autor sevillano era ofrecer piezas más delicadas y menos rígidas.

No obstante, la Rima LII es un poema vehemente, casi agresivo, el que el yo lírico se entrega a las incontenibles fuerzas de la naturaleza como única vía para superar el dolor. A nivel temático, las tres primeras estrofas tienen una organización similar: el yo lírico suplica a un elemento de la naturaleza en un instante de furia que le lleve con él. La resolución de la última estrofa ofrece al lector el tema principal del poema: la tensa espera de la muerte como solución para el miedo y el dolor.

En la primera estrofa, es el mar violento en playas remotas el que es apelado. El yo lírico ansía evasión, algo habitual en el romanticismo. Pero Bécquer, como romántico exacerbado que era, suplica la máxima evasión: la muerte. El autor andaluz juega también con la aliteración en esta pieza, especialmente el sonido /-r/ para expresar la violencia de la naturaleza. El yo lírico, estático y entregado, ya no lucha; espera a la muerte.

El huracán y la tempestad, respectivamente, son los protagonistas de la segunda y tercera estrofa. Con una estructura similar a la primera, el yo lírico suplica entre exclamaciones: “¡Llevadme con vosotras!”. Y es que el poeta se refiere a la muerte como aniquilamiento. No quiere quede rastro de sí mismo en el mundo, por eso apela a las manifestaciones más violentas de la naturaleza.

El yo poético desnuda su alma en la última estrofa. No es solo un grito desgarrado, es una terrible súplica. Pretende olvidar, que su “memoria sea arrancada”. Los últimos dos versos son arrolladores. El yo lírico sufre tanto con el pasado y el dolor derivado de él que ya no puede estar solo. Y la única salida es la muerte.

Rima LII es uno de los poemas más desgarradores de Bécquer y una declaración de intenciones puramente romántica. Naturaleza, muerte y dolor en una pieza genuinamente becqueriana.


Volver Inicio