Rima IX, Gustavo Adolfo Bécquer

Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.

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Análisis

Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) fue un poeta y escritor español muy valorado a nivel internacional. Su obra más reconocida es aquella que se titula Rimas y Leyendas, la cual supone hasta el momento un gran referente para la literatura en lengua castellana.

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Bécquer creció rodeado de artistas, su padre y su hermano fueron pintores; también a él le gustaba la pintura, la música y por supuesto la literatura. Sus padres fallecieron cuando él tenía apenas diez años y vivió y se educó con sus demás familiares. Su infancia la pasó en Sevilla, su ciudad natal, pero en 1854 se trasladó a Madrid tratando de encontrar oportunidades como escritor. Pero en la capital española no consiguió que se le reconociera su talento para escribir y sus obras tuvieron que esperar hasta después de su muerte para que fueran reconocidas como en realidad merecían. Se dedicó, entonces, a escribir artículos y a adaptar traducciones. En 1861 se casó con Casta Esteban. Su matrimonio no duraría más de siete años. No obstante, fue en esta etapa cuando él escribió las obras que le darían la fama mundial.

Esta breve rima que nos ocupa, cuyo título sería Rima IX, es una personificación de la pasión, del amor; y un juego denso y delicioso de metáforas y alusiones a la paleta de un pintor que dibuja en los versos de poeta los más cálidos y suaves tonos. Bécquer convierte sus sentimientos en colores y va mezclando estos colores dando lugar a metáforas y paradojas que por siempre serán características de este gran poeta.

El poema está compuesto por dos estrofas las cuales constan de cuatro versos endecasílabos y de rima consonante cada una. El esquema métrico sería el siguiente: 11A 11B 11A 11B 11A 11B 11C 11C, es por tanto una octava real.

La idea fundamental del poema es la unión de diferentes elementos de la naturaleza que se unen y se dirigen entre ellos como si estuvieran tratando de darse un beso. Es para el poeta el beso la unión extraordinaria de muchas circunstancias, deseos, detalles y elementos. En la primera estrofa se nos presenta la imagen de un atardecer, aunque de manera bastante abstracta. “El Sol besa la nube en Occidente” (verso 3) es la puesta de Sol. El gran astro viaja a Occidente cuando le toca despedirse del día. Bécquer logra dibujar en la mente del lector un bello lienzo de tonos púrpuras y dorados que sólo en este momento del día surgen en el cielo. Así como el beso simboliza al amor, y los colores del atardecer simbolizan la belleza del beso, en la segunda estrofa se nos presenta la imagen de una llama encendida que simboliza la pasión. Y de esta pasión también surge un beso, y una imagen que se dibuja en nuestro pensamiento: dos llamas ardientes intentan unirse como si de un beso se tratara. La tercera parte del poema se encuentra en los dos últimos versos, y el poeta la introduce con la expresión “y hasta el sauce” (verso 7) queriendo decir con esto que todo se besa. Esta tercera parte habla de la unión del sauce con el río: el río lo riega, refresca y alimenta, y el sauce se inclina hacia él para devolverle un beso.

Lo fascinante de este poema es la habilidad del poeta para escribir y dibujar al mismo tiempo. Quizás sea el poema becqueriano que mejor refleja su pasión por la pintura. Presentan sus versos la sensibilidad de un poeta y el dominio de los colores y las formas de un experimentado y observador pintor.


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