Recapitulación, José Ángel Buesa

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Yo he vivido mi vida: si fue larga o fue corta,
si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa.
Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero,
si el amor o la muerte, -lo que pase primero.

Algo tuve algún día; lo perdí de algún modo,
y me dará lo mismo cuando lo pierda todo.
Pero no me lamento de mi mala fortuna,
pues me queda un palacio de cristal en la luna,
y por andar errante, por vivir el momento,
son tan buenos amigos mi corazón y el viento.

Por eso y otras me deja indiferente,
aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente.
—¿Trampas?— Pues sí, hice algunas;
pero, mal jugador, yo perdí más que nadie
con mis trampas de amor.

—¿Pecados?— Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona,
porque, a pesar de todo, Dios no es mala persona.
—¿Mentiras?— Dije muchas, y de bello artificio,
pero que en un poeta son cosas del oficio.
Y en los casos dudosos, si hice bien o mal,
ya arreglaremos cuentas en el Juicio Final.

Eso es todo. He vivido.
La vida que me queda puede tener dos caras,
igual que una moneda: una que es de oro puro
—la cara del pasado— y otra —la del presente—
que es de plomo dorado.

Por lo demás, ya es tarde; pero no tengo prisa,
y esperaré la muerte con mi mejor sonrisa,
y seguiré viviendo de la misma manera,
que es vivir cada instante como una vida entera,
mientras siguen andando, de un modo parecido,
los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.

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Análisis

Este es un poema con una temática utilizada por otros muchos escritores. Cuando pasan a un nuevo estado de conciencia o a un nuevo momento vital, siempre hay poemas que hablan de su vida, de su camino y de cómo ha influido este en su literatura, en su creatividad, en su manera de ver el mundo, en sus relaciones personales e íntimas, etcétera.

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Así, el poeta hace un repaso de su trayectoria vital que no pretende ser una recopilación de sentimientos o anécdotas. Sólo es una visión objetiva y realista. Para él es un paso para vivir la última etapa de su vida. La muerte o el amor no tienen un orden o interés. Acepta lo que venga primero con naturalidad.

A medida que rememora ese camino que ha recorrido es consciente de las pérdidas, pero también de cómo ha vivido intensamente la vida. Todo lo que su camino le ha presentado y le ha ofrecido lo ha disfrutado, aunque la pérdida haya sido una constante. Al final sólo se tiene asimismo y a sus sueños.

No se siente orgulloso de algunas decisiones pero no se arrepiente porque es parte de una vida única. En ella ha habido ofensas y mentiras que han sido parte de su trayectoria, pero el poeta cree que el juicio final será el único que pueda decidir su destino: el cielo o el infierno. Para el poeta, quien como él dice dice: “agredido”, su presente es oscuro y sus recuerdos lo que anhela. Al final del poema, el poeta vivirá cada día como si fuera el último, con la sonrisa de quien ha sido feliz y de quien espera la muerte sin miedo.

A diferencia de otros textos, estamos ante un poeta que es consciente de que su vida se acaba y de que el camino que ha escogido y las decisiones que ha tomado, tienen un único culpable o acertante: él mismo. Como el propio poeta dice, no es un poema en el que se busquen culpables, sino que es una muestra de lo que se encontró en su camino, de lo que todos hemos vivido alguna ocasión, pero que muy pocos plasman de manera sincera por escrito.

Sin embargo, parece que el poeta, que está en su última etapa de la vida, tiene la necesidad de reflejar esos sentimientos por escrito y dar cuenta, hasta cierto punto, de ciertos aspectos íntimos. Es por ello que esta explicación va dirigida a personas que no lo hayan conocido o que no lo hayan entendido.


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