Quién sabe!, José Santos Chocano

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Indio que asomas a la puerta
de esa tu rústica mansión,
¿para mi sed no tienes agua?,
¿para mi frío, cobertor?,
¿parco maíz para mi hambre?,
¿para mi sueño, mal rincón?
¿breve quietud para mi andanza?...
—¡Quién sabe, señor!

Indio que labras con fatiga
tierras que de otro dueño son:
¿ignoras tú que deben tuyas
ser, por tu sangre y tu sudor?
¿Ignoras tú que audaz codicia,
siglos atrás, te las quitó?
¿Ignoras tú que eres el amo?
—¡Quién sabe, señor!

Indio de frente taciturna
y de pupilas sin fulgor,
¿qué pensamiento es el que escondes
en tu enigmática expresión?
¿Qué es lo que buscas en tu vida?,
¿qué es lo que imploras a tu Dios?,
¿qué es lo que sueña tu silencio?
—¡Quién sabe, señor!

¡Oh raza antigua y misteriosa
de impenetrable corazón,
y que sin gozar ves la alegría
y sin sufrir ves el dolor;
eres augusta como el Ande,
el Grande Océano y el Sol!
Ese tu gesto, que parece
como de vil resignación,
es de una sabia indiferencia
y de un orgullo sin rencor...

Corre en mis venas sangre tuya,
y, por tal sangre, si mi Dios
me interrogase qué prefiero,
—cruz o laurel, espina o flor,
beso que apague mis supiros
o hiel que colme mi canción—
responderíale dudando:
—¡Quién sabe, Señor!

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Análisis

El poema José Cantos Chocando hace un llamamiento al público indígena a través de un poema que recuerda mucho al de Miguel Hernández, aquel que empieza con las palabras “Andaluces de Jaén…” y que, dirigido a los aceituneros, arengaba a estos a luchar para ser dueños de su propio destino y de su tierra.

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En la primera estrofa el poeta observa como el pueblo está sometido de tal manera que se ha vuelto individualista, ya no comparte, no ayuda, y es incapaz de levantarse porque está perfectamente sometido, domado e incluso duda de que, si la divinidad actuara, pudiese ayudar en algo.

En la segunda estrofa aparece el tema principal del poema: la arenga al indígena, al pueblo real de su país que trabaja las tierras para los grandes latifundistas sin que sean dueños de las mismas. Para el poeta, los legítimos dueños de las tierras por historia, por sangre y por el trabajo que se realiza son los que las trabajan y que les fueron arrebatadas por los conquistadores españoles.

En una nueva estrofa se nos habla de la manera de ser de la sociedad de su país. Es un pueblo orgulloso, fuerte, que esconde sus sentimientos y que, de alguna manera es difícil saber qué es lo que siente. Se exhorta nuevamente a que busque un objetivo, que se recuperen las antiguas costumbres y las ofrendas a los antiguos dioses, por eso se habla de “tu Dios”. Incluso en silencio, hay mucho más de lo que parece, hay un sueño que lucha por salir.

En una nueva estrofa se habla de los orígenes de la sociedad, de esos indios fuertes, orgullosos y que captan perfectamente la alegría y el sufrimiento de su pueblo. Quiere rescatar ese sentimiento de grandeza que había cuando se hacían las ofrendas al sol. Y en el que esa raza de hombres era especial, única y que, por culpa de los nuevos amos y señores que ocuparon las tierras, se perdió.

En la última estrofa, el poeta se siente parte de esa raza invencible y, en caso de tener que unirse al pueblo para hacerlo levantar y que recuperen la esencia del mismo, para que ese orgullo vuelva brotar nuevamente y para qué recuperen todo lo que, según el poeta les han quitado, tanto económica, política como socialmente, lo hará.

Este poema, como dijimos al principio del mismo, tiene mucho que ver con la temática de la arenga y la de hacer reaccionar a un pueblo que, en muchas ocasiones, se siente perdido, sin objetivo y que ha renunciado a luchar o le han hecho doblegar mediante represiones de muy diverso tipo.


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