Quién Sabe, Mario Benedetti

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¿Te importa mucho que Dios exista?
¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino?
¿que tus oraciones carezcan de interlocutor?
¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto?
¿que los torturadores puedan ser hijos de Dios?
¿que haya que amar a Dios sobre todas las cosas
y no sobre todos los prójimos y prójimas?
¿Has pensado que amar al Dios intangible
suele producir un tangible sufrimiento
y que amar a un palpable cuerpo de muchaha
produce en cambio un placer casi infinito?
¿acaso creer en Dios te borra del humano placer?
¿habrá Dios sentido placer al crear a Eva?
¿habrá Adán sentido placer cuando inventó a Dios?
¿acaso Dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre,
o no es ni siquiera una confiable anestesia?
¿te importa mucho que Dios exista? ¿o no?
¿su no existencia sería para tí una catástrofe
más terrible que la muerte pura y dura?
¿te importará si te enteras que Dios existe
pero está inmerso en el centro de la nada?
¿te importará que desde el centro de la nada
se ignore todo y en consecuencia nada cuente?
¿te importaría la presunción
de que si bien tú existes
Dios quién sabe?

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Análisis

El poeta se hace una serie de preguntas, casi retóricas, que hacen que el lector responda a lo que el poeta quiere decir con el poema. Parece que siente que la creencia de la existencia de Dios no es relevante. No está de acuerdo en que algo intangible, algo inexplicable, dirija el destino del ser humano.

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El ser humano sufre y no hay comunicación con la divinidad. Sólo hay un emisor: el hombre. Cree que Dios no es justo con él. Los que torturan, para el poeta, no son humanos, ni pueden tener la gracia de Dios. Para el poeta, parece que a Dios le importa más lo material de las personas y no los hombres y mujeres.

El poeta prefiere el amor entre un hombre y una mujer, entre personas, porque es algo real, físico, que se puede tocar, al amor divino, que es algo intangible. Amar a Dios no significa que no podamos disfrutar de todo lo que al ser humano le puede gustar. Si nosotros sentimos placer y amor y somos imagen de Dios, Dios ha sentido placer y amor al crearnos.

Cuando estamos enfermos, ¿Dios aplaca el dolor? Somos humanos y la muerte es parte de esa condición. Si Dios existe o no, no es relevante porque no impide la muerte. Él está aislado y nada de lo que nos ocurra le conmueve, porque desconoce lo que nos pasa. Para el poeta Dios existe porque el ser humano existe.

En este poema hay varios puntos a tratar. Por un lado está la impresión del poeta de que Dios existe porque el ser humano necesita creer que existe una divinidad superior que ha sido capaz de crear algo hermoso y, sobre todo, para protegernos de los muchos miedos que el hombre tiene.

Pero también, por otro lado, tenemos el punto de vista racional, ese que nos dice que Dios no existe porque, si realmente existiera y fuéramos hijos de él, no dejaría que sufriéramos y, mucho menos, que muriéramos. También nos habla de algo muy triste y es cuando el hombre hace daño al mismo hombre. Los torturadores, para el poeta, no son humanos, no tienen que ver con lo creado por Dios y no entiende por qué no hace algo contra ellos.

Es por ello que, cuando acabamos de leer el poema, hay una especie de enfrentamiento entre lo que el poeta piensa de una manera racional y, por otro lado, sus creencias desde el punto de vista religioso. Hay una lucha interior para encontrar algo que pueda aunar esos dos pensamientos. Para terminar el poema, notamos que hay un final abierto y que el poeta todavía no sabe cómo solucionarlo. Es más, parece que se dirige al lector para que, de alguna manera, le aconseje o le dé respuesta a esas dudas y preguntas que se hace.


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