Que el amor no admite cuerdas reflexiones, Rubén Darío

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Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y el perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

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Análisis

“Que el amor no admite cuerdas reflexiones” es uno de los poemas del libro Prosas profanas publicado por primera vez en Buenos Aires en 1896. Se trata de uno de los poemarios más conocidos del escritor guatemalteco. Tras Azul (1888), considerado como el germen del modernismo, llega el turno de consolidar un estilo que tanta trascendencia tendrá a lo largo de los años en la poesía hispanoamericana. Prosas profanas marca la madurez poética de Rubén Darío conteniendo algunas de las piezas más conocidas del guatemalteco.

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El amor y el erotismo son dos temas clásicos en la poesía de Darío, y ambos aparecen expresados en “Que el amor no admite cuerdas reflexiones”. En este caso, el título es elocuente y nos pone en situación. El amor, especialmente en sus inicios, cuando más impacta, no es un espacio para la reflexión ni la contemplación intelectual. El amor, entendido en este caso como pasión (hay otros amores), desmantela nuestra capacidad de raciocinio, y nos conduce a un estado febril en el que nos movemos más por instinto y deseo que por cuerdas reflexiones. La locura puede ser la consecuencia de este estado emocional, aunque creemos que Darío se refiere a un estado más bien transitorio.

Así, la primera estrofa, en la que el poeta se dirige a su amada, expresa que el amor es furor, es arrebato. E introduce el veneno, el dulce veneno de la locura en nuestro cerebro. En la segunda estrofa, Darío ahonda en estas reflexiones introduciendo elementos bélicos. Así ve Darío esta clase de amor, casi como una batalla entre dos amantes. En esta misma línea continúa la pieza, comparando esta pasión con un incendio, con las llamas.

Unas de las razones por las que Darío se convirtió en una referencia de la poesía hispanoamericana fue su capacidad para mostrar poemas de amor diferentes a lo habitual. Esta es una pieza de amor, pero de amor violento, casi egoísta, en la que el enamorado se erige como una fuerza destructora, incapaz de controlar sus emociones, a un paso de la locura. Ese tipo de amor es, tal vez, el más grande que exista, pero además de efímero puede ser muy peligroso. Pero quién puede apartarse de la tentación de la miel y la leche bajo tu lengua…

Este verso en latín que Darío introduce en la parte final del poema está extraído del Cantar de los Cantares y muestra, por un lado, la erudición del poeta guatemalteco y, por otro, introduce elementos eróticos como es habitual en su obra. “Que el amor no admite cuerdas reflexiones” es una pieza de amour fou, como dicen los franceses, una pasión desbordada que convierte nuestro corazón en una pira en llamas…


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