No me Pregunten, Pablo Neruda

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Tengo el corazón pesado
con tantas cosas que conozco,
es como si llevara piedras
desmesuradas en un saco,
o la lluvia hubiera caído,
sin descansar, en mi memoria.

No me pregunten por aquello.
No sé de lo que están hablando.
No supe yo lo que pasó.

Los otros tampoco sabían
y así anduve de niebla en niebla
pensando que nada pasaba,
buscando frutas en las calles,
pensamientos en las praderas
y el resultado es el siguiente:
que todos tenían razón
y yo dormía mientras tanto.
Por eso agreguen a mi pecho
no sólo piedras sino sombra,
no sólo sombra sino sangre.

Así son las cosa, muchacho,
y así también no son las cosas,
porque, a pesar de todo, vivo,
y mi salud es excelente,
me crecen el alma y las uñas,
ando por las peluquerías,
voy y vengo de las fronteras,
reclamo y marco posiciones,
pero si quieren saber más
se confunden mis derroteros
y si oyen ladrar la tristeza
cerca de mi casa, es mentira:
el tiempo claro es el amor,
el tiempo perdido es el llanto.

Así, pues, de lo que recuerdo
y de lo que no tengo memoria,
de lo que sé y de lo que supe,
de lo que perdí en el camino
entre tantas cosas perdidas,
de los muertos que no me oyeron
y que tal vez quisieron verme,
mejor no me pregunten nada:
toquen aquí, sobre el chaleco,
y verán cómo me palpita
un saco de piedras oscuras.

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Análisis

Neruda fue un hombre comprometido. Comprometido con su causa. Cuando se define a alguien como «comprometido», parece un hecho positivo en sí mismo. Pero a lo largo de la historia de la humanidad, muchas personas cometieron actos terribles, precisamente por estar firmemente comprometidos con una causa. Pero preferimos poner como ejemplo a un personaje literario. Raskolnikov, el protagonista de Crimen y Castigo, nos puede servir.

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Neruda, hombre de fuerte personalidad, se adhirió al credo comunista, lo cual marcó en buena parte su trayectoria. Al poeta chileno, no obstante, le costó aceptar lo que parecía inaceptable. Él, que había recibido el Premio Stalin y que había escrito una famosa oda al dictador comunista, tuvo que escuchar de su sucesor al frente del PCUS el discurso de 1956 en el que se denunciaban las purgas estalinistas. Las críticas de Kruschev a Stalin marcaron una evolución en la historia política mundial. El compromiso de Neruda se resquebrajó, su vida cambió.

“No me pregunten” pertenece a una etapa nerudiana en la que las dudas, la oscuridad, la melancolía y las excusas toman protagonismo. El escritor chileno tiene 54 años cuando publica Estravagario, uno de sus poemarios más famosos. Todos los estudiosos de la obra de Neruda coinciden en que este libro marca un cambio temático y estilístico en su trayectoria. Solo hay que leer “No me pregunten”…

La interpretación de este poema puede ser variada, pero no cabe duda de que la melancolía, el temor por el paso del tiempo y la reflexión sobre el pasado, están presenten. ¿Por qué “no me pregunten”? Si nos ponemos suspicaces podríamos interpretarlo como una excusa, tipo «yo no sabía nada». Podría ser una respuesta ante cierto tipo de acusaciones, pero si fuera así el caso, Neruda no quedaría en muy buen lugar.

Tal vez el poeta chileno medite sobre los errores o sobre sus etapas más oscuras. Como decían en una célebre película «todos necesitamos recuerdos para saber quiénes somos pero… los recuerdos son impresiones, no registros». Neruda también necesita recuerdos, pero algunos prefiere no recordarlos… Su corazón pesa de recuerdos y el agua purificadora parece haberse llevado algunas manchas.

En la segunda estrofa Neruda parece admitir errores, equivocaciones. Incluso hace algo que pocos sabemos hacer: darle la razón al otro. ¿Cuántas personas conocemos que admitan que estaban equivocados tras una discusión? En la segunda parte del poema, no obstante, Neruda se reivindica. No todo es tan malo, nos queda el amor.

Al final Neruda, pone su corazón como prueba de su sensibilidad. El corazón es más duro que antes, ha sufrido, se ha desengañado, pero late. Y no todos pueden decir lo mismo, parece expresar Neruda. “No me pregunten” es un poema de hondo significado vital, duro y áspero, pero esperanzador. El corazón bombea amor y esperanza y diluye las tinieblas del pasado…


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