Por qué no hay más Viajes a la Luna?, Mario Benedetti

Publicidad
Cuando el bueno de armstrong dio aquellos pasos
todos registramos cómo se movía
tosco / pesado / en un suelo blancuzco
¿o era de piedra pómez? ¿quién se acuerda?

durante un rato estuvo cavilando
y la escafandra o como se llamase
impedía que viéramos sus ojos
pero juraría que su mirada era
de pereza o abulia

algo debió explicar a su regreso
algo diferente al discurso de gloria
que le ordenaron pronunciar eufórico
entre medallas flores vítores y guirnaldas

algo debió decir en privado a sus jefes
algo importante inesperado

verbigracia / cuando estaba allá arriba
caminando como un zoombie en la luna
mi general mi coronel pensé en ustedes
y se me ocurrió no sé por qué
que debía matarlos con urgencia
uno a uno / dos a dos / etcétera

o verbigracia dos / cuando andaba allá / heroico
pisando las feísimas arrugas del satélite
imaginé que así debía ser la muerte
es decir el paisaje de la muerte

o verbigracia tres / cuando estaba en selene
paseando por la nada como un imbécil
setí el asco infinito de la ausencia del hombre
y me dije qué mierda estoy haciendo aquí

algo así debe haber confesado a sus jefes
con su estrenada voz de robot disidente
y quizá por eso los dueños del poder
postergaron sine die los viajes a la luna.

>> Siguiente >>

Análisis

La llegada de Armstrong a la luna destacó por cómo se movía en ella al bajar del módulo lunar al suelo. Para el poeta, el astronauta se dio cuenta de que no quería estar allí. Que no haya más viajes es por lo que el poeta cree que le el astronauta dijo a sus superiores, al reunirse con ellos tras aterrizar en la tierra.

Publicidad

Estar en la luna era como estar muerto en vida porque podía no haber regresado. La muerte, su imagen y el miedo a la misma estuvo presente todo el viaje y durante el paseo. En la luna conoció una soledad terrible, inimaginable, que le hizo sentir asco por el ser humano. Esto y otros comentarios, que el poeta siente, fueron los causantes de que no haya más viajes y así evitar que otros astronautas se pudieran quejar.

La particularidad de ir a la luna es el silencio, un silencio inimaginable, brutal, que hace que el ser humano se sienta infinitamente solo en el universo. Además, cualquier problema que pudiera haber haría imposible el retorno a la tierra. Esta combinación de elementos es lo que hace que los viajes al espacio sean tan problemáticos.

El ser humano es un animal social, necesita del grupo y necesita sentir su calor. La palabra, el conversar es algo esencial porque el ser humano tiene esa capacidad y porque la palabra también supone estar dentro de un grupo, no estar aislado. Sin embargo, en el espacio no hay nadie más que nosotros y todo lo que está alrededor es frío, inerte y no hay posibilidad de que haya una comunicación con nosotros.

Seguramente, el astronauta Armstrong, se sintió tan sobrecogido por la soledad del momento, por la sensación de la cercanía de la muerte en caso de que cualquier dispositivo fallase, que no quiso seguir allí. Quiso marcharse y volver donde había calor, sonido, cercanía, otro ser humano al que poder hablar, al que poder escuchar y sentir la vida a su alrededor. Lo que está claro es que nadie estaba preparado para sentir “la nada” que el astronauta tuvo que sufrir en la luna, caminando sobre ella y, sobre todo, observar la belleza del planeta tierra sobre nuestro satélite.


Volver Inicio