Por esa puerta, Amado Nervo

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Por esa puerta huyó diciendo :«¡nunca!»
Por esa puerta ha de volver un día ...
Al cerrar esa puerta dejo trunca
la hebra de oro de la esperanza mía.
Por esa puerta ha de volver un día.

Cada vez que el impulso de la brisa,
como una mano débil indecisa,
levemente sacude la vidriera,
palpita más aprisa, más aprisa,
mi corazón cobarde que la espera.

Desde mi mesa de trabajo veo
la puerta con que sueñan mis antojos
y acecha agazapando mi deseo
en el trémulo fondo de mis ojos.

¿Por cuánto tiempo, solitario, esquivo,
he de aguardar con la mirada incierta
a que Dios me devuelva compasivo
a la mujer que huyó por esa puerta?

¿Cuándo habrán de temblar esos cristales
empujados por sus manos ducales,
y, con su beso ha de llegar a ellas,
cual me llega en las noches invernales
el ósculo piadoso de una estrella?
¡Oh Señor!, ya la pálida está alerta;
¡oh Señor, cae la tarde ya en mi vía
y se congela mi esperanza yerta!
¡Oh, Señor, haz que se abra al fin la puerta
y entre por ella la adorada mía!...
¡Por esa puerta ha de volver un día!

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Análisis

José Amado Ruiz de Nervo (Tepic, 1870 – Monteviedo, 1919) es un importante poeta mexicano y autor del poema titulado Por esa puerta.
Amado Nervo comenzó sus primeros estudios en el seminario de Zamora en el año 1886 pero se vio obligado a dejarlos unos años después (en 1891) debido a la difícil situación económica. Estos años en el seminario marcaron notablemente su primera etapa poética, caracterizada por la espiritualidad religiosa y la mística.

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Se le considera un poeta modernista, “hijo literario de Rubén Darío”. Trabajó como periodista y publicó para diferentes revistas entre las que destacaremos La Revista Azul y La Revista Moderna, fundada esta última entre su amigo Jesús Valenzuela y él mismo. En 1900 obtuvo un trabajo en París como corresponsal y allí se relacionó con otros artistas modernistas. En la capital parisina conoció a su mujer, Ana Cecilia Luisa Dailliez, quien, desafortunadamente, murió pocos años después (en 1912). El dolor causado por su muerte lo llevó a escribir en su obra La amada inmóvil. Cuando regresó a México comenzó su carrera diplomática y vivió en diferentes países de habla hispana.

Su obra se divide en tres períodos fundamentalmente: el primero corresponde con la etapa marcada por la espiritualidad y la religión; el segundo corresponde con su etapa en París; y el tercero es el más marcado por influencias europeas y de otros países latinoamericanos. También escribió novelas, ensayos y cuentos, obras en prosa entre las cuales destacaremos El bachiller.

Este poema está compuesto por veintinueve versos endecasílabos divididos en cinco estrofas: dos quintetos al principio seguidos de dos serventesios y por último una serie de once versos libres. El tema gira en torno al sufrimiento del poeta durante la espera de su amada que se marchó “por esa puerta”. Comienza el poema contándonos que su amada se marchó para no volver “diciendo ¡Nunca!” (verso 1) pero el poeta no pierde la esperanza de que algún día vuelva: “ha de volver un día” (verso 5).

Las estrofas dos y tres nos muestran y reiteran esta misma idea: la idea de que él no pierde la esperanza de que vuelva. La cuarta estrofa y parte de la quita (hasta el verso número veintitrés) se compone de una serie de preguntas retóricas lanzadas al aire y sin respuesta alguna que el poeta se formula: “¿Cuándo habrán de temblar esos cristales / empujados por sus manos ducales?” (versos 19 y 20). En la última parte, desde el verso número veinticuatro y hasta el final, leemos una oración que comienza por el apelativo: “¡Oh, Señor!” y con la que ruega que vuelva su amada antes de que su vida finalice. Nos encontramos de nuevo ante un poema marcado por su religiosidad.

En cuanto a los recursos literarios destacaremos los siguientes: anáfora: “Por esa puerta” (versos 1, 2, 5); metáfora: “la hebra de oro de la esperanza mía” (verso 4); geminación: “más aprisa” (verso 9); y apóstrofe: “¡Oh, Seños!” (versos 24, 25 y 27).
Puede que este poema lo dedicara a su esposa tras su muerte, hecho que lo marcó como ya hemos mencionado; no obstante expresa un sentimiento universal que todo enamorado o desenamorado puede experimentar.


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