Poema del Amor Ajeno, José Ángel Buesa

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Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo
como queda un perfume donde había una flor.
Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.

La vida nos acerca y la vez nos separa,
como el día y la noche en el amanecer...
Mi corazón sediento ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena que no debo beber...

Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,
nunca te vas del todo, como una cicatriz;
y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,
pues al perder la espiga retiene la raíz.

Tu amor es como un río, que parece más hondo,
inexplicablemente, cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte tienen un más allá.

Para un deseo así, toda la vida es poca;
toda la vida es poca para un ensueño así...
Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca;
y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!

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Análisis

A través de las cinco estrofas del poema, el poeta nos habla de un amor que se ha ido pero que lo ha marcado fuertemente y viceversa. Hay una dependencia mutua de amor y deseo, pero no pueden o no quieren estar juntos. Parece, como nos indica en la segunda estrofa, que su relación es intermitente y tienen una necesidad de buscarse. Es como si no pudieran estar demasiado tiempo separados. El poeta sabe que esta relación es negativa para él pero no se decide a terminarla.

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En una nueva estrofa, el poeta es consciente de que, aunque es mejor no estar a su lado, en su interior nota esa unión enorme que está arraigada y que tampoco hace nada por evitarla y encontrarla. Notamos, a media que avanza el poema, que los sentimientos están muy a flor de piel y el poeta consigue hacernos partícipes de la visión de esa relación por parte de ambos.

En la cuarta estrofa, él es un espectador de su relación. Es consciente de que el dominante es ella y desde la distancia observa que sus sentimientos, los de él, somos profundos y esto le hace sentir inseguro. Aquí, como sucede en muchas ocasiones, lo masculino cuando se ve superado por lo femenino, siempre tiende a la misma conceptualización: la inseguridad, la minusvaloración y la sensación de ser menos.

En la última estrofa se nos dice que el poeta tiene otra u otras relaciones. Es consciente de que ella está presente incluso cuando está con esas mujeres, pero en su fuero interno intuye, pues es su deseo, que ella, la otra cara de la moneda, también tiene esos sentimientos hacia él, aunque esto no queda tampoco claro o se intuye que no es así.

Estamos ante una relación en la que una de las partes es mucho más fuerte, es menos emotiva y, sobre todo, es más dominadora que la otra y no es la parte masculina. Nuevamente, lo femenino se ve como algo que influye de manera importante sobre lo masculino, en este caso el poeta, y crea una sensación de dependencia de él hacia ella o, si lo vemos desde un punto de vista más poético, de los sentimientos de él hacia los de su amada, sin que estos sean recíprocos.


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