Al pie desde su niño, Pablo Neruda

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El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.

Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.

Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.

Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.

Pero este ciego anduvo
sin tregua, sin parar
hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.

Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.

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Análisis

La infancia también es un tema importante para el poeta. No solamente por la fragilidad de los niños, sino por la sinceridad de la propia infancia y de cómo ésta, poco a poco se ha perdiendo a lo largo de los años, mientras nos hacemos adultos y desaparece al morirnos. En este caso, la poesía que nos escribe Neruda habla de la inocencia de los niños y de como esta se plasma en sus juegos, en su ignorancia en su manera de ser.

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A medida que éstos crecen, esa inocencia desaparece porque nos hacen recorrer un camino en el que la realidad, en vez de ser alegría, creatividad y vida, se convierte en una senda triste y oscura. A medida que hay camino y avanzamos en nuestra vida, hay menos senderos en los que apoyarnos.

Perdemos nuestra inocencia sin darnos cuenta, poco a poco, y nos alejamos paulatinamente de esa idea a cada paso. El poema continúa con la idea de la pérdida de la inocencia y de cómo está nos transforma en personas menos sentimentales y más animales. Todo el camino vital es un viaje a través de personas, de lugares, trabajos, relaciones… camino tras camino hasta el final, hasta que se acaba todo.

Es en ese momento, cuando llega nuestro fin, cuando hemos olvidado aquello que deseábamos ser de pequeño, aquello que soñábamos y que, en el final de los días anhelamos volver a recuperar, cuando eso es imposible. Al final, la infancia, todos esos sentimientos que hemos tenido cuando éramos niños, es lo que seguramente más desearíamos haber retenido.

Como podemos entender en el poema, no solamente es un período de cualquier persona en su camino vital, sino que es un momento en el que realmente somos como deseamos ser, donde todo está permitido y donde se es muchísimo más creativo e ingenuo. Sin embargo, es ese mismo camino el que nos aleja poco a poco de nuestro niño interior y nos hace entrar en una vida en el que las pérdidas son una constante y en el que lo razonable y lo racional se mezclan en el camino a seguir.


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