Pequeño Poema Infinito, Federico García Lorca

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Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben votar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.

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Análisis

Cuando uno no escoge el camino marcado, el obligado, otra opción, según el gobierno que haya, puede suponer la muerte. Escoger otro camino es buscar la libertad (mujer), es encontrar el coraje de cambiar, la valentía de enfrentarse a quien oprime, al fuerte que domina y enfrentarse a los ignorantes.

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Cuando uno toma esta decisión, con todas las consecuencias, supone que el poder puede acabar con uno y, finalmente, acabar en el cementerio. La muerte hace que los hijos entierren padres que se enfrentaron y acabaron presos. Los hijos conoce al asesino y lo graban en sus retinas, como las imágenes de las velas camino del cementerio.

Las paredes, fusilamientos, es la nueva muerte para el poeta y parece que es algo que no parece que vaya a cambiar. El dos, en los muertos, implica que el muerto deja viuda, por lo que es algo que los vivos no desean. Es por ello que la mujer teme la libertad, teme la muerte porque el poder sólo desea el fin de aquellos que piensan diferente, que buscan otra opción política de gobierno que una dictadura, de aquellos que no se conforman.

La política es el eje central de este poema de Federico García Lorca. Estamos en una época convulsa en la que los movimientos sociales son importantes, en la que la represión es algo cotidiano y que puede afectar a cualquiera sin importar su nombre, familia, estatus social o económico.

Sin embargo hay quienes luchan para conseguir algo mejor, que no se conforman con lo que hay y que buscan una libertad real. Pero de la misma manera que hay personas que luchan, también hay quien desea mantener a toda costa las cosas como están y no duda en reprimir esta necesidad de apertura de cualquier forma. La muerte es una de ellas.

García Lorca es consciente de la represión tan brutal que hay y de cómo, cada vez más, la lucha implica la muerte, implica una viuda que queda sola para siempre, implica la crueldad y la intolerancia. La mujer es la que menos desea el cambio por la sencilla razón de que no quiere que la persona que ama muera. Pero también es consciente de que se busca un bien mayor para el pueblo, que cada vez tiene menos voz y está obligado a callar mucho más.


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