Pequeño Poema Infantil, Rubén Darío

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Las hadas, las bellas hadas,
existen, mi dulce niña,
Juana de Arco las vio aladas,
en la campiña.

Las vio al dejar el mirab,
ha largo tiempo, Mahoma.
Más chica que una paloma,
Shakespeare vio a la Reina Mab.

Las hadas decían cosas
en la cuna
de las princesas antiguas:
que si iban a ser dichosas
o bellas como la luna;
o frases raras y ambiguas.

Con sus diademas y alas,
pequeñas como azucenas,
había hadas que eran buenas
y había hadas que eran malas.

Y había una jorobada,
la de profecía odiosa:
la llamada
Carabosa.

Si ésta llegaba a la cuna
de las suaves princesitas,
no se libraba ninguna
de sus palabras malditas.

Y esa hada era muy fea,
como son
feos toda mala idea
y todo mal corazón.

Cuando naciste, preciosa,
no tuviste hadas paganas,
ni la horrible Carabosa
ni sus graciosas hermanas.

Ni Mab, que en los sueños anda,
ni las que celebran fiesta
en la mágica floresta
de Brocelianda.

Y, ¿sabes tú, niña mía,
por qué ningún hada había?
Porque allí
estaba cerca de ti
quien tu nacer bendecía:
Reina más que todas ellas:
la Reina de las Estrellas,
la dulce Virgen María.
Que ella tu senda bendiga,
como tu Madre y tu amiga;
con sus divinos consuelos
no temas infernal guerra;
que perfume tus anhelos
su nombre que el mal destierra,
pues ella aroma los cielos
y la tierra.

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Análisis

Las hadas existen para el poeta y nombra a personajes históricos para darlo por cierto. Así, Juana de arco, Mahoma y Shakespeare, las vieron de formas diferentes y tamaños. Las hadas hablan de lo hermoso y con un lenguaje que es difícil de entender.

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Como en todo grupo, las hay buenas y malas. Una de ellas, Carabosa, tenía una profecía. No era buena y no deseaban nada bueno a los más pequeños, a los bebés. Tenía un interior oscuro. La niña para la que escribe el poema no fue visitada por ninguna. Sin embargo si fue visitada por la virgen María. Esta la protege, consuela y cuida. Su amor la cubre y protege de todo mal.

En este poema hay varias temáticas que tener en cuenta. Por un lado lo fantástico aparece introduciendo una mini historia sobre las hadas, sobre su pequeño mundo y cómo el poeta las presenta como algo real. Es decir, estamos ante una visión más pagana, más fantástica de la vida.

Sin embargo, la última estrofa es la más importante porque pone de lado ese paganismo, lo fantástico y destaca y pone en valor la parte religiosa y cristiana de la sociedad. Por encima de todo, la imagen de la virgen María se ve como algo real, algo que se puede tocar y algo que realmente se ocupa y preocupa de nosotros.

Y combina ambos mundos, lo fantástico y lo religioso, para crear un final en el que el mundo de las hadas se ve como algo negativo, como algo que es inferior a lo religioso desde el punto de vista del cristianismo. La virgen María no solamente se ve como la madre de Dios, sino como algo que existe y nos defiende de las tentaciones, de lo negativo, de lo pagano, etcétera.

Sin embargo, en ningún momento hay una especie de enfrentamiento entre ambos mundos. Se nos presentan los dos más o menos al mismo nivel, destacando al final la figura de la virgen María. Lo importante no es quien puede más o menos, sino el descanso de la pequeña, que crezca sin miedos y rodeada de cuanto más amor posible sea mejor.


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