Pasatiempo, Mario Benedetti

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Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

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Análisis

Durante la infancia, la vejez se ve como algo lejano, un abismo imposible de comprender y la muerte es un concepto desconocido. En la adolescencia, la vejez es la madurez. Nos vamos dando cuenta de la realidad que nos rodea y empezamos a comprender el significado de la muerte.

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Tenemos pareja y nos casamos, etcétera. La madurez es una pequeña línea que separa este momento con la vejez. Somos conscientes de nosotros mismos, valoramos la realidad como es y sabemos qué es la muerte, pero la vemos como algo que sucede a otras personas porque no queremos morir.

Cuando somos viejos, valoramos todo lo vivido. Ponemos en valor nuestras experiencias y comprendemos que nuestra hora llegará, más pronto que tarde, que la realidad es la que es, sin más. Como podemos observar, a la hora de leer el poema, este nos habla de las edades del hombre y cómo, a medida que crecemos, se acortan, se superan y las vamos dejando atrás hasta el día en que morimos.

Esta es la temática: el paso del tiempo, la consciencia de cómo nuestro camino vital se va terminando y la muerte es la etapa final de la propia vida. Es algo que Benedetti trata en varios de sus poemas. Para él hay dos etapas importantes. Por un lado tenemos la de la niñez y la adolescencia unidas porque, si bien es cierto que hay una evolución entre una y otra, la muerte se ve como algo desconocido o que apenas se tiene en consideración.

Sin embargo, cuando pasamos a la otra etapa, la de la madurez, que se une a la de la vejez, sí hay un cambio porque en ambas somos conscientes de que antes o después moriremos. La diferencia está en que únicamente cuando ya somos mayores y repasamos todo lo vivido respecto a nuestra trayectoria vital, es cuando aceptamos la muerte, cuando la conocemos de verdad y entendemos que ha estado a nuestro lado siempre y que vendrá cuando quiera.

Este poema pone de manifiesto el pensamiento del poeta acerca del tiempo, de cómo lo importante no es cuánto dura nuestra vida si no como la vivimos, como recorremos la trayectoria vital y cuáles son las experiencias que vamos acumulando, para recordarlas o para tenerlas presentes una vez que hayamos llegado al final del camino y la muerte nos coja de la mano para llevarnos.


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