Para una Cubana, Rubén Darío

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Poesía dulce y mística
busca a la blanca cubana
que se asomó a la ventana
como una visión artística.

Misteriosa y cabalística,
puede dar celos a Diana,
con su faz de porcelana
de una blancura eucarística.

Llena de un prestigio asiático,
roja, en el rostro enigmático,
su boca púrpura finge,

Y al sonreírse vi en ella
el resplandor de una estrella
que fuese alma de una esfinge.

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Análisis

El poeta habla de una mujer cubana, pero de tez blanca y esta visión resulta inspiradora y casi una obra de arte, cuando la ve a través de la ventana. Es una mujer de tez blanca, bella, hermosa, casi como la virgen de una iglesia. Es difícil conocerla porque parece que esconde algo. Eso la hace más atractiva. Su sonrisa lo llena todo, aumentando, destacando su belleza.

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Nuevamente estamos ante una pincelada, ante un momento, una escena muy pequeña en un momento muy determinado en la vida del protagonista del poema, del poeta. Es la visión de su rostro que no cuadra con lo que se supone que son las gentes que viven en Cuba. Una cubana de tez blanca aparece como una visión ante él y lo sobrecoge.

A partir de ese momento, el poeta no ve a esta persona únicamente como una mujer a la que desea, sino que su belleza, su naturalidad y, sobre todo la sonrisa, le da un aire casi religioso, casi virginal, produciendo en el poeta una necesidad casi de dar las gracias a Dios, de orar por haber hallado a esta joven.

No solamente despierta todos los sentimientos del poeta, sino que es fuente de inspiración para su poesía. Ella representa una belleza distinta, diferente a lo que habitualmente ha visto en aquel lugar e intenta recogerlo en estos versos. Casi parece una figura idealizada de una mujer, pero no parece que es real, que exista.

Como suele pasar en los textos de este poeta, no pretende y no busca extenderse para reiterar una y otra vez la belleza y características de la mujer. Únicamente nos presenta un hecho concreto y de una manera concreta, aunque poética. No solamente destaca la parte física y más humana de la mujer, sino ese aire místico, casi virginal de su aparición y como esto, combinado, produce en el poeta una sensación de afecto, deseo y, a la vez, inspiración para escribir y plasmarlo en versos.

Lo esencial del poema es que consigue transmitirnos esa idea a través de la visión de la mujer y, al mismo tiempo, el poema no se hace corto, sentimos que tiene que tener la extensión que tiene, ni más ni menos. Lo que lo hace más atractivo y, sobre todo, nos queda una sensación de querer saber más, por lo que el poema parece más abierto que cerrado.


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