A Mi Padre, Ramon Lopez Velarde

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Nunca, señor, pensé que el verso mío
cuando te hablara en él por vez primera
la música filial de los veinte años,
del huérfano infelice la voz fuera.

Nada valió la familiar plegaria;
moriste en plena vida, y ¡qué contraste
tocóles a los tuyos, muerto amado,
en la noche fatal que agonizaste!

Noche con paz de luna; también fuiste
noche más que ninguna tormentosa;
tus horas de martirio florecieron
en mi jardín, como sangrienta rosa.

Todo lo evoco, Padre: tus quejidos;
tus palabras postreras; la voz triste
con que te habló tu hermano sacerdote;
la mañana de otoño en que moriste;
los cirios —compañeros de velada—;
la madre y los hermanos, todos juntos;
el ataúd que sale de la casa;
el sollozante oficio de difuntos;
y ¡oh infinita bondad la de los padres!
los ojos muertos de tu faz piadosa
que me vieron por último con lástima
en las orillas de la negra fosa.

Supe después lo enormemente triste
que es la trsiteza del hogar vacío
y lloré con la marcha de la madre
para tierras del norte. Mas confío
que te he de ver, oh Padre, para siempre
con mis pupilas de resucitado.

Aquel buen ángel que guardó el sepulcro
de Jesucristo, y que miró extasiado
la tierra redimida, y a las santas
mujeres que buscaban al Amado,
las consoló, verá concluir su oficio
cuando el último Adán encuentre abiertos
los eternos lugares de victoria
y no haya quien pregunte por sus muertos.

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Análisis

La figura paterna es una temática que no se estila demasiado en la poesía. Habiendo poemas como hay, no suele ser el personaje central de muchos de ellos. Sin embargo, cuando aparece reflejado en los versos, suele hacerse o bien describiendo las virtudes del padre y el amor que se siente hacia el o todo lo contrario, desdibujandolo, atacándolo, etcétera. Es decir no existe un término medio a la hora de escribir sobre él.

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El poeta escribe a su padre, sintiendo la soledad que ha dejado su muerte. La desaparición prematura de la figura paterna ha sido más dolorosa porque sufrió dolor. Incide nuevamente en la tragedia de la muerte, en el sufrimiento del padre y de cómo la noche es más oscura con este sentimiento.

El poeta describe las escenas que se fueron sucediendo antes y después del fin: la agonía del final, las últimas palabras que escuchó, la aparición del cura y la extremaunción antes de la muerte, la muerte en sí, el velatorio, el cortejo fúnebre, la posterior misa y, como colofón a todo ello, el entierro.

El último recuerdo del poeta es la mirada triste del padre al que sentía que dejaba sólo. Tras su muerte, el poeta se siente vacío, sin rumbo. Esto se hace más doloroso con la partida de su madre en busca de trabajo, lo que acrecienta esa soledad. Esto hace sentir en el poeta un deseo de reunirse con su padre. El poeta desea que, al igual que Jesús, su padre sea protegido y encuentre la paz y la salvación en el cielo.

Cuando acabamos de leer este poema, lo que nos queda claro es que, además del amor y respeto que el poeta sentía hacia la figura paterna, el fallecimiento del padre con dolor y sufrimiento y, sobre todo, con la sensación de la soledad del mismo, nos hace sentirnos parte implicada en la poesía.

Sentimos junto al poeta ese tránsito doloroso de la muerte, que se desarrolla no de una manera tranquila. Es como si el poeta deseara que la agonía, que el dolor, terminara lo antes posible. Pero lo más relevante del poema es que, una vez ha ido el padre, el dolor aumenta porque la madre también desaparece.

La vinculación familiar desaparece por completo y la sensación de vacío, de ausencia y de orfandad inunda el poema. Sólo el deseo de la felicidad del padre tras la muerte, de que esté en un lugar mejor, alberga una ligera esperanza final que nos hace ver que el poema tiene algo de positivo al final de sus versos.


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