La órbita del Agua, Andrés Eloy Blanco

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Vamos a embarcar, amigos,
para el viaje de la gota de agua.
Es una gota, apenas, como el ojo de un pájaro.

Para nosotros no es sino un punto,
una semilla de luz,
una semilla da agua,
la mitad de lágrima de una sonrisa,
pero le cabe el cielo
y sería el naufragio de una hormiga.

Vamos a seguir, amigos,
la órbita de la gota de agua:
De la cresta de un ola
salta, con el vapor de la mañana;
sube a la costa de una nube
insular en el cielo, blanca, como una playa;
viaja hacia el Occidente,
llueve en el pico de una montaña,
abrillanta las hojas,
esmalta los retoños,
rueda en una quebrada,
se sazona en el jugo de las frutas caídas,
brinca en las cataratas,
desemboca en el Río, va corriendo hacia el Este,
corta en dos la sabana,
hace piruetas en los remolinos
y en los anchos remansos se dilata
como la pupila de un gato,
sigue hacia el Este en la marea baja,
llega al mar, a la cresta de su ola
y hemos llegado, amigos... Volveremos mañana.

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Análisis

La poesía de Andrés Eloy Blanco tiene diferentes matices. Puede ser personal, humanista, sensual, social o humorística. O todas ellas. “La órbita del agua” es uno de esos poemas que, probablemente, no fue escrito con grandes aspiraciones. A buen seguro que Blanco no estaba preso de una emoción incontenible cuando escribía el poema. Pero en la poesía hay espacio para todo.

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“La órbita del agua” es eso, la órbita de una gota de agua. ¿El ciclo de la vida? Claro, también. Es una pieza sencilla, juguetona, vívida y fresca. El poeta nos apela en los primeros versos. Nos invita a que le acompañemos a un largo viaje, un viaje que se produce constantemente. Una pequeña gota de agua hace las maletas. Y nosotros, nos vamos con ella.

En la segunda estrofa, se describe a la viajera. ¿Qué es para nosotros una gota? Apenas, nada. Insignificante. Pero si nos fijamos bien, una gota refleja el mundo. Literal y metafóricamente. El ciclo del agua es el que mejor resume de la vida, un eterno retorno, el de la gota y sus amigas, que hace posible la existencia.

A continuación, el poeta venezolano nos lleva al nacimiento de la gota, que sube de la ola a los cielos, a las nubes. La gota es ahora vapor que viaja hacia al Oeste, hacia la tierra y las montañas, y ahí se hace líquida otra vez para precipitarse en caída libre. Se detendrá, ahora, lenta, recorriendo los árboles, los frutos, o tal vez la ventana de nuestra habitación.

En perpetuo movimiento se unirá a sus compañeras en un río. Es el momento del volver al origen, ir hacia el Este, hacia el nacimiento, o la muerte, según se mire. Porque las gotas, como la vida, no nacen ni mueren, se transforman en un ciclo infinito. Y al final, de nuevo, la cresta de la ola. Y mañana, otra vez…

Así es “La órbita del agua”, una pieza que resume de forma franca y sencilla, casi didáctica, sin alardes ni complejas figuras, el ciclo de la naturaleza.


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