Ojos Verdes, Salvador Díaz Mirón

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Ojos que nunca me veis,
por recelo o por decoro,
ojos de esmeralda y oro,
fuerza es que me contempléis;
quiero que me consoléis
hermosos ojos que adoro;
¡estoy triste y os imploro
puesta en tierra la rodilla!
¡Piedad para el que se humilla,
ojos de esmeralda y oro!

Ojos en que reverbera
la estrella crepuscular,
ojos verdes como el mar,
como el mar por la ribera,
ojos de lumbre hechicera
que ignoráis lo que es llorar,
¡glorificad mi penar!
¡No me desoléis así!
¡Tened compasión de mí!
¡Ojos verdes como el mar!

Ojos cuyo amor anhelo
porque alegra cuanto alcanza,
ojos color de esperanza,
con lejanías de cielo:
ojos que a través del velo
radian bienaventuranza,
mi alma a vosotros se lanza
en alas de la embriaguez,
miradme una sola vez,
ojos color de esperanza.

Cese ya vuestro desvío,
ojos que me dais congojas;
ojos con aspecto de hojas
empapadas de rocío.
Húmedo esplendor de río
que por esquivo me enojas.
Luz que la del sol sonrojas
y cuyos toques son besos,
derrámate en mí por esos
ojos con aspecto de hojas.

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Análisis

El poeta nos ofrece unos versos de un amor correspondido, que parte del miedo, la desconfianza de dos personas y que, a través de pequeños gestos, van atando eso hilos invisibles que los conectan y que pensaban que no existían. Cuando el primero de esos hilos los une, la declaración del poeta hacia la amada, es cuando todos los demás se unen de una forma natural.

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El poeta ama a una mujer, pero no sabe si es correspondido por que ella nunca le ha dado pie para que lo pueda pensar. Se siente atraído por su mirada, por sus ojos y decide dar ese paso. Frente a ellos se muestra como es y le confiesa sus sentimientos. Todo lo que le rodea le recuerda a ella y al color de sus ojos. Sólo desea saber, sin tardanza, que siente la mujer que ama.

Ella es lo que desea, lo que anhela, su presente. Es todo lo bueno que tiene dentro de su ser y quien le hace soñar. Quiere buscar otro camino lleno de esperanza su lado. El poeta se da cuenta de que los sentimientos son correspondidos pero la mujer tiene miedo o le cuesta dar ese paso. El poeta, al ver aflorar en el rostro de la amada el rubor, la invita a no tener miedo y andar juntos ese camino porque él estará a su lado. Finalmente… no sabemos lo que pasa por qué el final queda abierto.

Nuevamente estamos ante un poema en el que el poeta juega con el lector para que este, además de ponerse en la situación del protagonista de los versos, abra su pensamiento a fin intuir cuál es el posible final del poema. Al no cerrarse, al no ofrecer ningún final, despierta la imaginación en el lector creando nuevos versos o le hace pensar en lo que ha podido pasar con los amantes.

De esta manera el poeta consigue atraparnos en la lectura y este poema inconcluso nos hace despertar nuestra faceta poética creando nuevos poemas que tienen por objetivo finalizar este mismo. No siempre es fácil que un poeta consiga atraer de esta manera al lector, pero en éste sí lo hace.

La dificultad no está en el final abierto, sino en cómo va desarrollando en muy pocos versos la temática del mismo para, al final, soltar todos los amarres y que sea el lector el que evite que ese barco poético se marche y desaparezca, haciendo que este se encargue nuevamente de atarlos.


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