Nocturno, Rubén Darío

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Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno... ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas...
Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta...
Ha pasado un transeúnte...
Ha dado el reloj trece horas... ¡Si será Ella!...

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Análisis

El poeta pasa por una crisis. De noche no puede dormir. La negatividad ciega lo más profundo de su alma. Siente hasta los sonidos de su cuerpo. En su interior hay una lucha por saber qué hacer, qué sentir. Intenta refugiarse en una copa para mitigar el sufrimiento, pero es imposible. Cuanto más agobiado está, cuanto más desesperado y con más ansiedad está, la mañana llega y todo parece calmarse, todo parece más real, más estable y controlable.

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Este poema, como su propio nombre indica, nos habla de la noche, nos habla de un momento de dolor inmenso del protagonista del poema. En el poema no indica qué ha pasado para que el protagonista tenga esos sentimientos, pero el poema es una sucesión de dolor un verso tras otro.

Sin embargo, y aquí está la importancia del mismo, con la llegada de la mañana, parece que, en realidad, todo es una ilusión y es por ello que tenemos dos momentos de un día perfectamente definido. Por un lado la noche que crea un ambiente que hace que el protagonista del poema sienta mayor tristeza, mayor desolación y no encuentre consuelo.

Por otro lado, la mañana representa la realidad, la luz y al mismo tiempo la tranquilidad, la calma, el ser consciente de uno mismo y de nuestra capacidad para controlarnos, para estar más calmados y pensar de una manera más positiva, menos dolorosa.

Sin embargo, también hay que destacar el último verso del poema, que nos produce una sensación un tanto extraña. Por un lado, esas últimas palabras refiriéndose a “ella” con mayúscula, nos hace pensar que podemos estar ante el día, ante la mañana o ante el paso de la mujer que ama a una hora en concreto.

Es como si el poeta hubiera esperado toda la noche en vela para poder ver, cuando llega el día, a la amada, a la mujer por la que él sufre y que, seguramente, desconoce los sentimientos del poeta. Esta podría ser una de las interpretaciones más plausibles.

Sin embargo, no queda muy claro en el poema que esto sea así, aunque podemos interpretar lo contrario. La poesía tiene esta capacidad, la de despertar nuestros sentidos, imaginación y encontrar argumentos en los que apoyar nuestra idea. Es por ello que, nuevamente, es el amor es el que, por un lado, tortura al protagonista del poema y, por otro, lo llena cuando puede ver a la armada pasando delante suya, de día, con toda su belleza, calor, etcétera.


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