Noción de Patria, Mario Benedetti

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Cuando resido en este país que no sueña
cuando vivo en esta ciudad sin párpados
donde sin embargo mi mujer me entiende
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres
y llamo a mis amigos de vereda a vereda
y puedo ver los árboles desde mi ventana
olvidados y torpes a las tres de la tarde
siento que algo me cerca y me oprime
como si una sombra espesa y decisiva
descendiera sobre mí y sobre nosotros
para encubrir a ese alguien que siempre afloja
el viejo detonador de la esperanza.

Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas
que se ha vuelto egoísta de puro generosa
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obsena.

Confieso que otras veces me he escapado.
Diré ante todo que me asomé al Arno
que hallé en las librerías de Charing Cross
cierto Byron firmado por el vicario Bull
en una navidad de hace setenta años.
Desfilé entre los borrachos de Bowery
y entre los Brueghel de la Pinacoteca
comprobé cómo puede trastornarse
el equipo sonoro del Chateau de Langeais
explicando medallas e incensarios
cuando en verdad había sólo armaduras.

Sudé en Dakar por solidaridad
vi turbas galopando hasta la Monna Lisa
y huyendo sin mirar a Botticelli
vi curas madrileños abordando a rameras
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas
que preguntaban por el comedor
suecos amontonados en dos metros de sol
y en Copenhague la embajada rusa
y la embajada norteamericana
separadas por un lindo cementerio.

Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve
y el carnaval de Río cubierto por la samba
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros
probé en Santiago el caldillo de congrio
y recibí el Año Nuevo en Times Square
sacándome cornetas del oído.

Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche
y salvando las obvias diferencias
vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses
vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station
y salvando otra vez las diferencias
vi un toro de pacífico abolengo
que no quería matar a su torero.
Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos
con una insolación mediterránea
y me saqué una foto en casa de Jan Neruda
dormí escuchando a Wagner en Florencia
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón
vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall
marcando el jazz con negros zapatones
vi a las mujeres más lindas del planeta
caminando sin mí por la Vía Nazionale.

Miré
admiré
traté de comprender
creo que en buena parte he comprendido
y es estupendo
todo es estupendo
sólo allá lejos puede uno saberlo
y es una linda vacación
es un rapto de imágenes
es un alegre diccionario
es una fácil recorrida
es un alivio.

Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.

Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.

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Análisis

El poeta ha vuelto a su país natal, que parece no tener futuro, donde la sociedad no se mueve. Siente que sólo su mujer lo comprende. Los recuerdos, como sus padres, siguen estando junto a él, así como sus antiguos amigos y rutinas. Es como si todo se hubiera detenido en el tiempo. Esto le oprime porque nada ha cambiado, todos se han conformado.

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Además, parece que el poder todavía controla todo y la esperanza la regulan a cuenta gotas. La sociedad no se emociona, se ha vuelto egoísta, individualista y es en esos momentos que recuerda sus vivencias en otros lugares, países y otras culturas donde el compromiso, el saber, la lucha, etc., eran la normalidad. El inconformismo era una forma de ser.

Recuerda sus descubrimientos literarios y también los museos junto a las tardes y noches entre copas. Conoció África, Italia y sus monumentos, la hipocresía de los curas en España, así como a los americanos que conocen la desconocida Europa y sólo buscan su gastronomía. También descubrió la explosión del turismo de los países del norte. En Copenhague, descubrió como a Rusia y América las une y separan, de manera metafórica, los muertos.

También descubrió la muerte y lo que es un cadáver, la fiesta del carnaval de Brasil, el auge de los países africanos, el camino de Santiago en Santiago y también Inglaterra. Conoció el boom de Hollywood en Europa, Francia. También el después de la Segunda Guerra Mundial y las diferencias entre la nueva Alemania y Rusia.

Conoció el mundo del toro y la relación, dentro de esta cultura, entre el animal y el torero. Conoció escritores famosos. También nuevos autores, noches de música clásica alemana en Italia, el quehacer cotidiano de las artesanas, el jazz y la belleza de las mujeres en Italia.

El poeta se llenó de todo lo que vio. Conoció y comprendió todo ello e hizo un aprendizaje esencial para él, para su vida y su creación literaria. Pero el poeta siente que todos deseamos volver a nuestro lugar de origen. El poeta siente que, aunque su país parece que no ha mejorado y se conforma, le llama y lo extraña.

Cuando vuelve todo es familiar, todo es parte de él y se siente seguro en los espacios que recorre y vive. No se siente extraño allí. Siente que es y ha sido su casa. El poeta desea que haya una relación que haga unir nuevamente a esa sociedad individualista y la movilice. Aun así es su hogar, su patria.


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