Niña, Octavio Paz

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Nombras el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento y pleno,
anegando los aires,
verde deslumbramiento,
hasta volvernos verde la mirada.

Nombras el cielo, niña.
Y el cielo azul, la nube blanca,
la luz de la mañana,
se meten en el pecho
hasta volverlo cielo y transparencia.

Nombras el agua, niña.
Y el agua brota, no sé dónde,
baña la tierra negra,
reverdece la flor, brilla en las hojas
y en húmedos vapores nos convierte.

No dices nada, niña.
Y nace del silencio
la vida en una ola
de música amarilla;
su dorada marea
nos alza a plenitudes,
nos vuelve a ser nosotros, extraviados.

¡Niña que me levanta y resucita!
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!

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Análisis

En este poema, Octavio paz nos ofrece un canto a la vida y el poder de la infancia para rebrotar una nueva primavera en cada uno de nosotros. Los niños y lo que la niñez expresa, esa ingenuidad, esa sinceridad, es la transparencia, la pureza, lo que los hacen diferentes a los adultos.

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En la primera estrofa, la niña, la vida, tiene la capacidad para hacer crecer todo lo que le rodea. Hasta el punto de hacerlo tan espectacular que no tengamos más remedio que ver la fuerza de la naturaleza, su capacidad para brotar en cualquier sitio.

La infancia, los niños son imagen de esa nube blanca de la que habla el poeta. Tienen tanta fuerza y dicen tanto como el sol y toda esa negrura que a los mayores, a los adultos nos cubre el alma, son capaces de limpiarla y hacernos mejores personas.

Esa niña es casi la metáfora de los cuatro elementos de la naturaleza. Así ha hablado de la tierra, ha hablado del fuego, el sol, y del aire. En la tercera estrofa aparece el agua, que no sólo nos limpia, nos purifica, sino que tiene la capacidad de llenar de verdor todo lo que vemos, de ayudar a que la vida vuelva a nacer.

La vida, esa niña que no habla, es como el mar: llega como una ola a nosotros y nos baña no sólo con su humedad y con el calor y el brillo dorado del sol, llenándonos con toda la fuerza de los cuatro elementos, de la naturaleza. Finalmente, el poeta experimenta un cambio gracias a la vida, a esa niña, y desea no poner coto a lo que su camino le brinde. Siente, a partir de este momento, que no hay límites y que, como el mar, tiene la fuerza, la determinación.

El cambio vital que experimenta el poeta es importante porque ha habido una catarsis en él. Ha experimentado en sus propias carnes lo que le brinda todo lo que le rodea, las posibilidades que tiene para disfrutar, para conocer, para vivir realmente un camino en el que llenarse de todo lo que pueda.

Este tipo de poemas también son habituales en muchos poetas que, a través de los versos, expresaron su cambio existencial, ya sea para un aspecto más vital y positivo o para un o más negativo y destructivo. Lo que sí es importante es notar que el mar sigue siendo un elemento importante para expresar sus sentimientos.


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