Muerte de Antoñito el Camborio, Federico García Lorca

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Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

*

Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

*

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

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Análisis

Cerca del río Guadalquivir asesinaron a Antonio el Camborio. Se defendió incluso a mordiscos, saltando casi como si bailara, como los delfines. Eran más que él y lo apuñalaron hasta morir. La estrella reflejada en el agua parece que clava sus puntas en el cuerpo de Antonio, como los navajazos que le infligieron. Hay una similitud entre el sueño del toro por morir en la plaza, en una tarde grandiosa de faena y las voces que gritan a muerto, que claman por el final trágico de este hombre.

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El poeta describe a Antonio como una persona fuerte, morena como un hombre. El poeta quiere saber quién lo ha hecho y el propio muerto se lo dice: sus primos. Fueron cuatro, como las puñaladas que lo mataron. Los culpables fueron los celos y la envidia por su belleza, su riqueza y por quién era en Sevilla.

El poeta parece intuir su muerte y Antonio le pide que rece por él antes de morir. También le pide que llame a la guardia civil. De su boca mana sangre antes de la muerte. Su imagen es única, con un perfil hermosamente numismático e irrepetible. Hasta el cielo lo recuesta para que no se mancille más su imagen. Al caer la noche ya lo estaban velando y los primos han escapado. El Guadalquivir llama también a muerto en silencio, mientras atraviesa la ciudad.

Estamos ante la muerte de alguien muy querido para el poeta. Su asesinato ha sido una tragedia para él y para todos los que lo conocían. La muerte inunda cada verso de este poema y también la rabia por no haber podido nada para evitarlo. Su muerte ha sido una lucha, como la del torero con el toro, entre personas de la misma sangre. No hubo piedad para Antonio porque lo buscaron para matarlo, sin importar las consecuencias o, quizás es posible que lo hicieran sin saber realmente lo que estaban a punto de hacer.

El amor que siente el poeta hacia esta persona hace que el sufrimiento sea mucho más agudo. No solamente lo quería por su hermosura, sino por su cultura, por lo admirado que era y, sobre todo, por lo excepcional que era en todos los aspectos. Era único y así lo reconoce a través de estos versos.


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