El Monte y el Río, Pablo Neruda

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En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.

Ven conmigo.

La noche al monte sube.
El hambre baja al río.

Ven conmigo.

Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.

Ven conmigo.

No sé, pero me llaman
y me dicen "Sufrimos".

Ven conmigo.

Y me dicen: "Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,

con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo".

Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.

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Análisis

“El monte y el río” es uno de los poemas más célebres de Los versos del capitán (1952), libro publicado en Italia con una tirada muy corta y de forma anónima. Años más tarde, Neruda desvelaría la paternidad del libro y las razones que le llevaron a este anonimato. Pero el poema que nos ocupa en esta ocasión no es una pieza de amor furtivo como otras de este libro. Es un poema de amor, sí, pero de amor a la patria.

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Mientras escribía Los versos del capitán, Pablo Neruda se hallaba exiliado de su país. Buena parte de este exilio lo vivió en Capri, la bella isla italiana, rodeado de amigos y de su amante. Tal vez no fuese un escenario muy incómodo para él, pero no cabe duda de que Neruda estaba fuera de Chile por una imposición externa, no por su propia decisión. “El monte y el río” trata sobre esa tierra que ha quedado atrás pero que no olvida. Es un poema que exhibe solidaridad, fraternidad y entrega a un ideal.

Pero además de ello, se trata de un maravilloso poema rítmico, sencillo en su concepción, pero extraordinariamente eficaz en su musicalidad. Un poema que sobrevive al paso del tiempo debe tener muchas cosas. Y una de ellas es armonía. Si leemos la primera parte del poema en alto, comprendemos esta capacidad que tiene para adherirse a nuestra memoria. Un monte y un río. Neruda resume con esa sencillez el aspecto que tiene su tierra. Es en esencia, lo que el recuerda de su patria. Pero algo sucede en esa tierra. La noche como oscurantismo, como tiniebla, se ha apoderado, a su juicio, de su país. Y el hambre es la consecuencia de este estado social y político.

La repetición del estribillo contribuye a potenciar la armonía del poema. Ese estribillo condensa el significado del poema. Vamos tú y yo, vamos todos, juntos, hacia delante, a hacer frente a la oscuridad, a devolver la tierra a sus habitantes y a poner pan donde hay hambre. Pero además, Neruda logra trasladar ese sentimiento de fraternidad entre la gente y los pueblos. No importa quién sufra, mientras alguien sufra. Es nuestro deber cogerle de la mano y ayudarle a levantarse. Ese es el concepto ideal de fraternidad.

En las dos últimas estrofas, Neruda se refiere a su propia situación. Su patria le espera. Es hora de luchar. El poeta cambia el tiempo verbal del estribillo. Seguiremos luchando hasta el final, el futuro será nuestro. “El monte y el río” es un poema brillante y atemporal que logra soldar el fondo y la forma con maestría.


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