El Miedo Manda, Eduardo Galeano

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Habitamos un mundo gobernado por el miedo, el miedo manda, el poder come miedo, ¿qué sería del poder sin el miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse.

El hambre desayuna miedo.
El miedo al silencio que aturde las calles.
El miedo amenaza.
Si usted ama tendrá sida.
Si fuma tendrá cáncer.
Si respira tendrá contaminación.
Si bebe tendrá accidentes.
Si come tendrá colesterol.
Si habla tendrá desempleo.
Si camina tendrá violencia.
Si piensa tendrá angustia.
Si duda tendrá locura.
Si siente tendrá soledad.

El miedo global

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.

Las armas tienen miedo a la falta de guerra.

Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones y miedo a la policía.

Miedo a la puerta sin cerradura.

Al tiempo sin relojes.

Al niño sin televisión.

Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.

Miedo a la soledad y miedo a la multitud.

Miedo a lo que fue.

Miedo a lo que será.

Miedo de morir.

Miedo de vivir.

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Análisis

La mayor parte de estudiosos consideran a Eduardo Galeano como un autor político. Como muchos de sus colegas contemporáneos latinoamericanos, el escritor uruguayo usó sus textos para concienciar, para exponer su visión del mundo, denunciando los males de nuestra sociedad y señalando los caminos para progresar.

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A lo largo de la historia el poder se ha servido del miedo para controlar la sociedad

En este sentido, “El miedo manda” es uno de los textos más recordados del escritor uruguayo. Denuncia el uso del miedo como instrumento para perpetuar el poder en todas sus formas. Es un hecho: a lo largo de la historia de la humanidad, el poder se ha servido del miedo de los ciudadanos para desarrollar estrategias políticas, económicas y militares.

Podemos pensar en regímenes totalitarios, donde es muy fácil detectar este tipo de estrategias basadas en el miedo. Sin embargo, en sociedades democráticas también se aplica la receta del miedo, pero de una forma mucho más sutil. No es necesario apuntar la sien con una pistola para manipular a la ciudadanía, para inocular el veneno del miedo en las personas.

El miedo nos vuelve conservadores y cercena nuestra capacidad crítica

Porque el miedo atenaza, impide arriesgar, nos vuelve conservadores, desconfiados, cercena la capacidad crítica, porque los cerebros tiemblan. Y es más difícil pensar con temblores.

Las crisis económicas son el escenario ideal para propagar una estrategia basada en el miedo. El poder ama las crisis porque es el momento perfecto para perpetuarse. Cuanto más emocional y sensible se muestre la sociedad, más fácil es manipularla. Y eso, el poder lo sabe.

El texto de Galeano reflexiona sobre todo esto partiendo de una pregunta muy sencilla: «¿qué sería del poder sin el miedo?» Tal vez no existiría el poder tal y como lo conocemos. El poder de nuestras sociedades parece habitar un inaccesible castillo, como en la célebre obra de Kafka. Nadie sabe cómo se llega al poder, pero todo el mundo sabe que el poder maneja los hilos de nuestra vida.

Galeano también reflexiona sobre el impacto del miedo en nuestra vida cotidiana

Más adelante, Galeano ofrece unas interesantes reflexiones, más allá de la política, sobre como el miedo interviene en casi todos los aspectos de nuestra vida: el amor, la enfermedad, la comida, la filosofía, etc.

Todo tiene su lado oscuro. El amor puede conducir a la locura, los placeres mundanos a la enfermedad. Si bebes, no conduzcas; si piensas, prepárate para sufrir. Y si sientes, tal vez te quedes solo.

Si el miedo se apodera de nosotros, terminaremos por no sentir, no amar ni comer, no pensar ni protestar, no arriesgar ni gritar. Hay que admitir que en la vida existen los riesgos, entender que el miedo en su justa medida es necesario, pero que si domina nuestra existencia, apenas podremos vivir.

Tenemos miedo al fuego, porque sabemos que quema. Ese miedo es el necesario. Lo que Galeano denuncia es el ‘otro miedo’, el que nos hace vivir a medias, como dice el famoso proverbio. ¿Estamos preparados para librarnos de él y mirar al poder cara a cara?


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