Miedo, Gabriela Mistral

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Todos me piden que dé saltos,
que tonifique y que futbole,
que corra, que nade y que vuele.
Muy bien.

Todos me aconsejan reposo,
todos me destinan doctores,
mirándome de cierta manera.
Qué pasa?

Todos me aconsejan que viaje,
que entre y que salga, que no viaje,
que me muera y que no me muera.
No importa.

Todos ven las dificultades
de mis vísceras sorprendidas
por radioterribles retratos.
No estoy de acuerdo.

Todos pican mi poesía
con invencibles tenedores
buscando, sin duda, una mosca,
Tengo miedo.

Tengo miedo de todo el mundo,
del agua fría, de la muerte.
Soy como todos los mortales,
inaplazable.

Por eso en estos cortos días
no voy a tomarlos en cuenta,
voy a abrirme y voy a encerrarme
con mi más pérfido enemigo,
Pablo Neruda.

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Análisis

Estamos ante un deseo, a través de un poema de Gabriela Mistral, en el que se habla del proceso importante en la vida de una niña que poco a poco se va convirtiendo mujer y en el que la madre no quiere que se haga mayor demasiado rápido. Es un proceso de pérdida, de separación del cordón umbilical entre ambas, pero no desde el punto de vista emocional, porque el amor de madre es para siempre, sino desde el punto de vista de físico. La niña va creciendo y hace su propio camino.

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Es un proceso de niña a princesa y, finalmente a reina. Y es esta división la que crea las partes del propio poema. En la primera estrofa de este poema, en la que la madre expresa su deseo de que no le hagan perder la infancia demasiado rápida a su hija. Es una niña y como niña tiene que vivir una infancia. Si esta se trastoca, se pierde, se anula, lo que provocará es una separación emocional entre las dos y que nunca podrá recuperarse. Ella ve a su hija como un pájaro que quiere volar pero que, como Ícaro, si vuela demasiado alto y cerca del sol, sus alas pueden derretirse y caer hasta morir. Ella quiere seguir manteniendo esa imagen de niña a la que cuidar, proteger, mesar los cabellos.

En una segunda estrofa se nos presenta el deseo de la madre de que, cuando haya pasado ese momento de infancia tampoco la hagan princesa, es decir, que no la engañen con lo material, con el oropel, con lo artificial, que no la compren con oro. Aunque sea una adolescente, el juego y la fantasía tienen que seguir formando parte de su vida. Es posible que la madre no sea una persona con demasiados recursos, “a mi lado no se acuesta”, por eso tienen miedo de que esa princesa prefiera lo material a lo humano, perdiendo todo contacto con la realidad y con lo que es realmente importante, la familia, la madre.

En la tercera y última estrofa expresa su deseo de que no la hagan reina, es decir, que la alejen tanto de la realidad que deje de ser ella misma. Y lo enfatiza más con la imagen del trono, con lo que ella quiere expresar que si está demasiado alejada, si ya no es ella misma, tampoco podrá llegar a su lado, convirtiéndose así en alguien ajeno a su vida. Esto haría desaparecer su estatus de madre con respecto a ella y eso es lo que no quiere perder.


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