Los Encuentros de un Caracol Aventurero, Federico García Lorca

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Hay dulzura infantil
En la mañana quieta.
Los árboles extienden
Sus brazos a la tierra.
Un vaho tembloroso
Cubre las sementeras,
Y las arañas tienden
Sus caminos de seda
?Rayas al cristal limpio
Del aire?.
En la alameda
Un manantial recita
Su canto entre las hierbas
Y el caracol, pacífico
Burgués de la vereda,
Ignorado y humilde,
El paisaje contempla.
La divina quietud
De la naturaleza
Le dio valor y fe,
Y olvidando las penas
De su hogar, deseó
Ver el fin de [la] senda.

Echó andar e internóse
En un bosque de yedras
Y de ortigas. En medio
Había dos ranas viejas
Que tomaban el sol,
Aburridas y enfermas.

Esos cantos modernos,
Murmuraba una de ellas,
Son inútiles. Todos,
Amiga, le contesta
La otra rana, que estaba
Herida y casi ciega:
Cuando joven creía
Que si al fin Dios oyera
Nuestro canto, tendría
Compasión. Y mi ciencia,
Pues ya he vivido mucho,
Hace que no la crea.
Yo ya no canto más...

Las dos ranas se quejan
Pidiendo una limosna
A una ranita nueva
Que pasa presumida
Apartando las hierbas.

Ante el bosque sombrío
El caracol, se aterra.
Quiere gritar. No puede,
Las ranas se le acercan.

¿Es una mariposa?,
Dice la casi ciega.
Tiene dos cuernecitos,
La otra rana contesta.
Es el caracol. ¿Vienes,
Caracol, de otras tierras?

Vengo de mi casa y quiero
Volverme muy pronto a ella.
Es un bicho muy cobarde,
Exclama la rana ciega.
¿No cantas nunca? No canto,
Dice el caracol. ¿Ni rezas?
Tampoco: nunca aprendí.
¿Ni crees en la vida eterna?
¿Qué es eso?
Pues vivir siempre
En el agua más serena,
Junto a una tierra florida
Que a un rico manjar sustenta.

Cuando niño a mí me dijo
Un día mi pobre abuela
Que al morirme yo me iría
Sobre las hojas más tiernas
De los árboles más altos.

Una hereje era tu abuela.
La verdad te la decimos
Nosotras. Creerás en ella,
Dicen las ranas furiosas.

¿Por qué quise ver la senda?
Gime el caracol. Sí, creo
Por siempre en la vida eterna
Que predicáis...
Las ranas,
Muy pensativas, se alejan,
Y el caracol, asustado,
Se va perdiendo en la selva.

Las dos ranas mendigas
Como esfinges se quedan.
Una de ellas pregunta:
¿Crees tú en la vida eterna?
Yo no, dice muy triste
La rana herida y ciega.
¿Por qué hemos dicho entonces
Al caracol que crea?
¿Por qué?... No sé por qué,
Dice la rana ciega.
Me lleno de emoción
Al sentir la firmeza
Con que llaman mis hijos
A Dios desde la acequia...

El pobre caracol
Vuelve atrás. Ya en la senda
Un silencio ondulado
Mana de la alameda.
Con un grupo de hormigas
Encarnadas se encuentra.
Van muy alborotadas,
Arrastrando tras ellas
A otra hormiga que tiene
Tronchadas las antenas.
El caracol exclama:
Hormiguitas, paciencia.
¿Por qué así maltratáis
A vuestra compañera?
Contadme lo que ha hecho.
Yo juzgaré en conciencia.
Cuéntalo tú, hormiguita.

La hormiga medio muerta
Dice muy tristemente:
Yo he visto las estrellas.
¿Qué son estrellas? ?dicen
Las hormigas inquietas.
Y el caracol pregunta
Pensativo: ¿estrellas?
Sí, repite la hormiga,
He visto las estrellas.
Subí al árbol más alto
Que tiene la alameda
Y vi miles de ojos
Dentro de mis tinieblas.
El caracol pregunta:
¿Pero qué son estrellas?
Son luces que llevamos
Sobre nuestra cabeza.
Nosotras no las vemos,
Las hormigas comentan.
Y el caracol, mi vista
Sólo alcanza a las hierbas.
Las hormigas exclaman
Moviendo sus antenas:
Te mataremos, eres
Perezosa y perversa,
El trabajo es tu ley.

Yo he visto a las estrellas,
Dice la hormiga herida.
Y el caracol sentencia:
Dejadla que se vaya,
Seguid vuestras faenas.
Es fácil que muy pronto
Ya rendida se muera.

Por el aire dulzón
Ha cruzado una abeja.
La hormiga agonizando
Huele la tarde inmensa
Y dice, es la que viene
A llevarme a una estrella.

Las demás hormiguitas
Huyen al verla muerta.

El caracol suspira
Y aturdido se aleja
Lleno de confusión
Por lo eterno. La senda
No tiene fin, exclama.
Acaso a las estrellas
Se llegue por aquí.
Pero mi gran torpeza
Me impedirá llegar.
No hay que pensar en ellas.

Todo estaba brumoso
De sol débil y niebla.
Campanarios lejanos

Llaman gente a la iglesia.
Y el caracol, pacífico
Burgués de la vereda,
Aturdido e inquieto
El paisaje contempla.

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Análisis

El público infantil fue importante en la obra de Lorca y a ellos dedicó una parte de su creación literaria, como por ejemplo este poema. Además de la parte infantil del poema, este tiene una carga ideológica muy importante, que se va deslizando a través de los versos, haciendo una crítica social, religiosa y política muy dura.

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Así, en este poema se habla de que la mañana es para los niños, que es lo que parece que siente el poeta. La tranquilidad, como concepto, es la mañana junto con la sombra de los árboles en el suelo.

Hay una imagen de la niebla diurna producida por el calor de las primeras horas del sol. Las gotas de la mañana se pegan a las telarañas y parecen líneas, rayas, de cristal cuando se miran. El sonido del agua es algo que se asocia al campo, a un sonido relajante. El caracol, tranquilo, es un animal en el que nadie se fija, pero lo ve todo.

La tranquilidad de lo que ve y su belleza hace que se decida a conocer qué hay más allá. Al llevar su casa, su caparazón a cuestas, le es más fácil hacerlo. Así que inicia el viaje. Al comienzo del mismo se encuentra con dos ranas. Éstas no croan, no cantan porque una es casi ciega y lo considera inútil y la otra que ve, ha dejado de creer en Dios, en todo y también ha dejado de croar.

Ambas ranas se resignan y su decisión es pedir a quien creen que tienen más que ellas. El caracol, mudo porque no pueda hablar, tiene miedo ante lo profundo del bosque. Las ranas le preguntan dónde va. Le preguntan a caracol acerca de lo que puede hacer o no, de sus creencias religiosas y su opinión de la vida eterna. El no cree y siente que no puede hacer gran cosa para cambiarlo. Respecto a la vida eterna, no sabe qué es y una de las ranas le dice qué es para ella.

El caracol habla de un recuerdo de la infancia, de su abuela diciéndole lo que era para ella la vida eterna. Las ranas sólo ven esto desde el punto de vista religioso, católico. El caracol siente que puede ser así. Las ranas se van, dejando el caracol con dudas y más temeroso.

Las ranas en el fondo, creen en la vida eterna aunque no saben por qué. Se sorprenden al darse cuenta de ello. Las nuevas generaciones están mucho más influenciadas por la religión. El caracol, que regresa por donde ha venido se encuentra con unas hormigas. Observa como una de ellas es arrastrada por otras, con muy mal aspecto. Siente que la maltratan y pregunta por qué la dañan así.

La hormiga ha querido saber, conocer, ver más allá de lo que se le permitía o se quería que supiera. Las otras hormigas no saben lo que la otra hormiga ha visto. Ella ha visto las estrellas, pero las otras hormigas cumplen lo mandado y se la llevan. Las estrellas, lo infinito, la imaginación, la belleza de lo diferente, el saber algo nuevo, el conocimiento, la libertad, es lo que ha visto y todo esto es lo que desea porque lo ha conocido quien tenía sed de ello.

Las otras hormigas, cerradas a lo diferente y nuevo, no ven o no quieren verlo. El caracol parece que no lo entiende. El resto de las hormigas quieren matarla y la acusan de vulnerar una ley perversa para hacerla desaparecer. La hormiga, agonizante, es feliz por haber vivido ese momento, la libertad de ver la diferencia, la belleza de lo nuevo. El caracol la defiende para que las otras se vayan.

Una abeja pasa por el lado de la hormiga cuando esta agoniza. La hormiga siente que es la muerte que la lleva a una vida eterna. Al morir, las demás hormigas, para evitar la culpa, la abandonan. Es como la frase que dice “entre todas la mataron y ella sola se murió”.

El caracol duda de sus creencias y siente que igual está equivocado al volver por donde ha venido. Siente que el camino de la hormiga, el desconocido es el correcto. Pero el caracol es cobarde y parece que es mejor hacer lo que los demás. Parece que no quiere pensar en nada más que lo que se espera. El tiempo parece que tampoco ayuda e impide ver el camino, el futuro. El caracol se conforma y hace lo que hacen los demás y porque hay que hacerlo así. La religión es una parte de ese control de la sociedad.


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