La Lluvia, Jorge Luis Borges

Publicidad
Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

>> Siguiente >>

Análisis

Dijo Borges alguna vez que su padre le descubrió el poder de la poesía, de las palabras, no solo como forma cotidiana de comunicación, sino como llaves que iluminan el misterio, como símbolos de lo eterno, como signos musicales cargados de secretos.

Publicidad

“La lluvia” es un poema que Borge dedica a su padre, como es evidente tras la lectura de su último verso. Es una pieza íntima, frágil que funciona como una larga introducción para ese cierre final en el que se ilumina la emoción del poeta al escribir estos versos.

¿Por qué la lluvia, por qué ese título?

Muchas veces caemos en la tentación de analizar al milímetro cualquier propuesta artística de un gran creador. Borges fue uno de los más grandes de la literatura del siglo XX y su obra ha sido analizado una y mil veces. Pero no hay que olvidar que el arte en general y la poesía en particular parten de una inspiración íntima.

A cada lector, la lluvia le supondrá unos recuerdos y emociones diversas

Porque este poema va de recuerdos, algo muy habitual en la obra de Borges, del quien se dice era un hombre que vivía en el pasado, en la memoria, tal fue su apasionamiento por los libros. El primer verso nos sitúa en una tarde, pero rápidamente Borges lleva el poema a su terreno. Llega la reflexión filosófica sobre la naturaleza del tiempo.

El escritor argentino utiliza la lluvia como elemento que nos transporta al pasado. La lluvia despierta emociones melancólicas, recuerdos tras la ventana empapada. Pero también el agua es un símbolo de lo infinito del eterno devenir, del tiempo circular.

En la segunda estrofa, Borges va concretando el espacio en el que se desarrollo su pensamiento o su recuerdo, nos vamos a un patio, tal vez de su niñez. Y llega el final en el que el poeta abre su corazón.

Un cierre donde se expresa el sentido del poema

Ya lo decíamos más arriba, todo en este poema es una introducción que envuelve el último verso. Es la voz del padre, que no ha muerto. Borges no se anda por las ramas en este último verso. Su padre vive en el recuerdo, en su poesía, en su amor por la literatura.

Borges dijo también en su día que uno de los mejores recuerdos de su infancia era la biblioteca de su padre, de la que no recordaba haber salido. Jorge Guillermo Borges fue durante muchos años una figura en segundo plano, oculta por la poderosa personalidad de la madre del escritor. Pero ya en el otoño de su vida, Borges se reencuentra con él en este poema de El hacedor (1960). Le oye en la lluvia, en el patio. Su voz nunca se fue.


Volver Inicio