Las Primeras Miradas, Mario Benedetti

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Nadie sabe en qué noche de octubre solitario,
de fatigados duendes que ya no ocurren,
puede inmolarse la perdida infancia
junto a recuerdos que se están haciendo.

Qué sorpresa sufrirse una vez desolado,
escuchar cómo tiembla el coraje en las sienes,
en el pecho, en los muslos impacientes
sentir cómo los labios se desprenden
de verbos maravillosos y descuidados,
de cifras defendidas en el aire muerto,
y cómo otras palabras, nuevas, endurecidas
y desde ya cansadas se conjuran
para impedirnos el único fantasma de veras.

Cómo encontrar un sitio con los primeros ojos,
un sitio donde asir la larga soledad
con los primeros ojos, sin gastar
las primeras miradas,
y si quedan maltrechas de significados,
de cáscara de ideales, de puresas inmundas,
cómo encontrar un río con los primeros pasos,
un río -para lavarlos- que las lleve.

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Análisis

El poeta habla de cómo perdemos la infancia sin darnos cuenta y sin recordar apenas el momento, nos abrimos al amor. Todo se llena de recuerdos nuevos. Nuestro cerebro se activa, se acelera el corazón y sentimos nuestro cuerpo diferente. El deseo sexual nace sin cas notarlo ni desearlo conscientemente.

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Hablamos de otra manera buscando la atracción de la otra persona y la soledad y el miedo, poco a poco, se va yendo. Buscamos esa primera mirada que nos corresponda, esos ojos que son un lugar donde la soledad desaparece, donde queremos quedarnos. Si no nos corresponden, buscaremos otros que nos amen.

En este poema, Benedetti nos habla del descubrimiento y nacimiento del deseo en los jóvenes. Es un paso importantísimo en el que dejamos de ser los niños que éramos y se nos abre un mundo completamente diferente, nuevo, en el que los deseos cambian por completo, en el que las chicas, esas niñas que mirábamos apenas un instante antes como iguales a nosotros, pasan a ser algo desconocido, algo completamente nuevo y atractivo, que nos llama poderosamente la atención.

El amor descubre nuestros sentimientos y aparecen nuevas sensaciones, emociones que no sabemos describir. Únicamente lo sentimos y sabemos que se produce cuando estamos cerca de una joven, de esa chica a la que ahora descubrimos de una manera completamente diferente. Así, despierta en nosotros sensaciones a partir de su físico, su manera de hablarnos, de mirarnos y buscamos en esos ojos el lugar en el que queremos quedarnos, en el que queremos conocer más y, sobre todo vivir nuevas experiencias.

Como es natural, no siempre somos correspondidos y es por ello que el poeta nos habla de que cuando esto ocurre, el ser humano busca a otra persona. Estamos empezando a descubrir el juego del amor, lo femenino, lo sensual y lo sexual, las alegrías de la correspondencia y la tristeza por el rechazo.

Empezamos a convertirnos en seres sexuales, en seres afectivos y, sobre todo, iniciamos una nueva etapa de nuestra vida, una nueva etapa de nuestra trayectoria vital, de un camino nuevo lleno de sendas maravillosas, de lugares desconocidos, de experiencias que nos van a proporcionar todo tipo de vivencias, tanto positivas como negativas.


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