El Juego en que Andamos, Juan Gelman

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Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

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Análisis

El poeta siente que la sociedad está enferma y que la infelicidad es algo común. Parece que no hay esperanza. Ya nada es ingenuo, todo está programado y todos y todo se mide por el mismo rasero. El amor, ya sea del tipo que sea, es interesado. La esperanza no existe y las personas se juntan por todo tipo de necesidades, por mercadeo. Hay una necesidad de no estar solos. Para el poeta, la muerte es lo único a lo que él quiere llegar en paz y parece, por lo que podemos intuir, que tampoco será así.

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La sociedad corrompida, una sociedad interesada en la que nada es lo que parece y las apariencias son parte de los rasgos importantes de la misma, es algo que aparece como temática en muchos poemas de diferentes autores. Parece que la sociedad está enferma de muchas maneras, pero sobre todo desde el punto de vista humano.

Somos incapaces de reconocernos a nosotros mismos y vivimos en una sociedad que cada vez más tiende al individualismo, al egoísmo y, sobre todo, al distanciamiento personal, familiar, etcétera. Sólo se valora lo conseguido, lo material y la importancia o representatividad que pueda tener alguien, dejando de lado valores tan importantes como el cariño, respeto, la familia, la comunidad, etcétera.

Incluso, como el propio poeta nos dice, la muerte no es algo ajeno a esta enfermedad que está amenazando al ser humano. Cuando morimos deseamos que sea en paz, que sea una última etapa o un paso para una etapa mucho mejor y, sin embargo, parece que ni siquiera este paso está libre y tiene que ser, para muchas de las personas, una especie de escaparate y reconocimiento de la persona que ha fallecido.

Es por ello que el poeta habla de los panes, en referencia al hecho de que Cristo repartiera panes y peces entre los necesitados. Sin embargo, parece que estos panes, la sociedad actual, se han convertido en una especie de mercadeo interesado para ser reconocido y reconocible por los demás. Por ello, el poeta desea marcharse sin más, casi sin que nadie lo sepa porque para él la vida no es un juego, sino un camino que él quiere vivir como desea.


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