Jesús, Amado Nervo

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Jesús no vino del mundo de «los cielos».
Vino del propio fondo de las almas;
de donde anida el yo: de las regiones
internas del Espíritu.

¿Por qué buscarle encima de las nubes?
Las nubes no son el trono de los dioses.
¿Por qué buscarle en los candentes astros?
Llamas son como el sol que nos alumbra,
orbes, de gases inflamados... Llamas
nomás. ¿Por qué buscarle en los planetas?
Globos son como el nuestro, iluminados
por una estrella en cuyo torno giran.

Jesús vino de donde
vienen los pensamientos más profundos
y el más remoto instinto.
No descendió: emergió del océano
sin fin del subconsciente;
volvió a él, y ahí está, sereno y puro.
Era y es un eón. El que se adentra
osado en el abismo
sin playas de sí mismo,
con la luz del amor, ese le encuentra.

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Análisis

El poeta siente que Jesús no tiene que ver con la divinidad. Para el poeta, Jesús fue un hombre que removió el interior del ser humano. Su palabra llegó hasta lo más profundo de nuestra alma. Jesús es algo terrenal, algo cercano y, al mismo tiempo Dios mismo. A Jesús no hay que buscarlo en lugares increíbles, alejados o imposibles.

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A Jesús hay que buscarlo frente a nosotros, dentro de nosotros mismos. Para el poeta, Jesús es el despertar de nuestro propio yo, es algo de lo que nos damos cuenta al sentirlo. Como la marea, el mar y el océano, llegó a nosotros con toda su fuerza, lo dio todo por nosotros, incluso su vida y, como la marea, se fue tranquilo, suave, en silencio. Jesús es algo que no se puede medir, computar. Jesús está entre nosotros y sólo da amor. Es lo que descubrimos al acercarnos a él si lo buscamos.

Estamos ante un poema en el que hay toda una declaración de intenciones acerca de la religiosidad del poeta y en sus creencias. Para él, Jesús fue un hombre de su tiempo que transformó a toda la humanidad. Hizo que todos nosotros comprendiéramos que el mayor regalo que podemos recibir y dar a los demás es el amor. El murió por nosotros, en un último acto de amor se sacrificó.

Es por ello que, por encima de todo, cada uno de nosotros tiene que redescubrirse a sí mismo, tiene que encontrar ese Jesús que lleva dentro y dar amor a todo aquel que lo necesite. Jesús no solamente ha sido una persona que ha vivido un momento muy concreto sino que la idea que quiso trasmitir están en cada uno de nosotros y si la buscamos nos transformará como personas, como sociedad, descubriendo lo mejor de cada uno de nosotros, haciéndonos mejores desde el punto de vista emocional.

Descubrirse y saber quién es uno implica también sufrir, implica una catarsis personal y aceptación de lo bueno y de lo malo de cada uno de nosotros. Este descubrimiento es lo que nos va a hacer mejores y nos va a descubrir esa capacidad que cada uno tenemos para transmitir amor y para, hasta cierto punto, sentirnos más cerca de Jesús y sentirlo más dentro de nosotros.


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