La Jaula, Alejandra Pizarnik

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Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.

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Análisis

El sol sólo es una estrella que brilla, pero el hombre la ensalza y le canta. El protagonista del poema parece estar preso y sólo siente el calor del sol un rato cada día, cuando éste se oculta antes del anochecer. El resto del día todo es oscuridad y sombra. Ya no sabe quién es, en qué momento de su vida está. La realidad es algo subjetivo. El protagonista del poema sueña para no sentirse peor. Fuera está el sol, la libertad. Dentro de donde está encerrado, sólo la muerte.

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Estamos ante un poema en el que no tenemos claro si el protagonista del mismo es un preso político o un preso común. Sea lo que sea, en lo que se centra la poeta es en la sensación de soledad y muerte en vida que rodea a un preso. Éste no es dueño de su tiempo, no es dueño de su vida y lo único que puedo hacer es ver cómo pasan las horas detrás de unas rejas, detrás de la jaula que indica el título del mismo.

Tal como nos dicen sus versos, para el preso fuera está la libertad y dentro está la muerte. La realidad es algo subjetivo y se transforma porque únicamente puede verla durante unas horas al día. Es por ello que lo único que le queda preso para mantener la cordura es el soñar, es pensar e idealizar lo de fuera o sentir que, en algún momento, podrá salir y tener una vida. Mientras está preso no es dueño de sí mismo ni de sus sueños.

Para el protagonista del poema nada es lo que parece, nada es tangible porque no puede alcanzarlo con la mano, porque no puede tocarlo, porque no puede envolverse en esa realidad que tiene cerca y, a la vez, tan lejos. Lo único cierto es que las horas no se miden por el reloj, sino por las horas de sol que ilumina una parte mínima de lo que puede alcanzar a ver con los ojos, con la mirada. El resto del día, el tiempo se mide en oscuridad, en paredes, en barrotes y en el encierro diario al que está sometido.


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