De Invierno, Rubén Darío

Publicidad
En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

>> Siguiente >>

Análisis

Estamos en el invierno. Carolina es una perra que descansa en un sillón junto al fuego que le da calor. Es una casa rica, con elementos decorativos que destacan el lujo. Es un ambiente recargado el que rodea al animal. El dueño entra dentro de la estancia y se acerca a ella para saludarla y besarla. La perra lo mira con cariño, gratitud. Fuera cae la nieve.

Publicidad

Nuevamente en este poema se describe una escena cotidiana, sencilla, sin que parezca que pasa nada anormal en ella. Sin embargo, cuando ahondamos un poco en el poema podemos ver varias cosas. Ese animal está rodeado de lujo, de una decoración recargada y, sin embargo, lo único que le importa a la perra es el calor del fuego, el calor del hogar.

Esta relajada, está tranquila porque sabe que tiene una seguridad, sabe que no ocurrirá nada negativo. Cuando entra el hombre, aparece otro elemento. La perra no solamente es un animal que está allí junto al hogar. Es la compañía de un solitario que, como la perra, está rodeado de lujo y, sin embargo, lo más importante para él es la presencia de ese animal, que espera tranquila a que él aparezca.

En realidad, el poema habla de dos seres que están solos y que sólo se tienen el uno al otro. No importa el dinero que tenga, no importa la seguridad, el calor del hogar o cualquier otra cosa. Lo único importante es que ambos se necesitan porque, seguramente, si no estuvieran juntos, todo aquello que les rodea se les caería encima por su soledad.

El frío que hace fuera hace que la estampa sea más cálida, más natural y que el cariño esté presente en cada gesto. Hay un contraste entre el exterior, el frío, la nada, la muerte y el interior de la casa, el hombre, en donde hay vida, en donde el calor y, hasta cierto punto, la sensación de un hogar, aunque no sea uno tradicional.

Aun así, esta imagen no deja de mostrarnos un aspecto importante: la soledad de ambos. No hay nadie más con ellos, por lo que intuimos que el hombre está solo, aparte de la perra, y no tiene nadie más en donde asirse. Parece que no tiene una familia, lo que hace que la sensación de soledad sea todavía mayor.


Volver Inicio