Invernal, Rubén Darío



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Análisis

El cóndor vuela alto, sobre el aire frío de la cordillera de los Andes, cubierta de nieve. El frío y la nieve lo cubren todo. Se siente en el cuerpo, en lo que nos rodea y se busca el calor de la estufa y la comida. Los pobres pasan frío. El poeta, al calor de la lumbre, tiene sentimientos encontrados.

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Desea estar junto a la amada en ese momento de frío y noches despejadas. En su mente, ella está junto a las luces amarillas de su hogar, como si del brillo del ópalo se tratase. El amor y el deseo lo llena. Fuera está la ciudad con su rutina y realidad ajena a ellos.

El desea que ella esté a su lado, amándose, entregándose el uno al otro, solos. Es un amor poético y carnal. Desea tener un encuentro con ella con tiempo para leerle sus poemas. Desearía que las estancias estuvieran decoradas con piedras preciosas y elementos antiguos, como una copa. Todo hermoso, recargado de lujo y comodidad. Él la desea en esa noche fría.

Ella es su inspiración, la musa de su poesía, el centro de su universo amoroso y sentimental. Le gusta físicamente, con su tez pálida. Representa el ideal de belleza de la época, clásica, seductora, poderosa. Lo daría todo por estar con ella, a su lado.

Sin embargo, aunque el deseo del poeta es grande, está solo, frente al calor del fogón sin oropeles y sin la amada. Vuelve a desear el lujo, lo recargado, lo íntimo y el deseo. Así, nos habla del vino que bebe para encontrar la inspiración para escribir. El vino, el exceso del mismo, hace que el poeta se sienta capaz incluso de pintar el retrato de la amada.

Nuevamente hay referencias literarias al amor, al deseo y a compartir este con la amada mientras fuera hace frío. El poeta se siente como un adolescente mientras sueña con la amada, con su cuerpo, su calor, sus gestos. Desea envolverse con ella en una noche de placer bajo la luz amarilla y sus voces. Para él, lo importante es el deseo, la poesía y estar junto a ella. Con ella el calor, sin ella el frío de la soledad.


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