Instantes, Jorge Luis Borges

Publicidad
Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.

>> Siguiente >>

Análisis

En este poema de Borges, el poeta se sitúa en su momento vital actual y nos describe, a lo largo de los versos del poema, un arrepentimiento de no haber vivido ciertos aspectos de su vida como le hubiera gustado. No es tanto el no haber vivido ese “carpe diem”, como escriben y han escrito otros poetas. Se trata de que el poeta, el autor, es consciente de que en su vida han faltado ciertas vivencias que seguramente le hubieran aportado mucho a su vida actual.

Publicidad

En la primera estrofa del poema se toca el tema principal. Se nos presenta al poeta como una persona a la que le gustaría volver a vivir su vida desde otro punto de vista. Hay como una necesidad de ser más osado, más valiente y con menos arrepentimientos. El poeta quiere tener una sensación de libertad, de poder hacer lo que quiere, lo que le haría sentir más tranquilo. Da la sensación de que su vida siempre ha estado condicionada y que en pocos momentos ha estado relajado.

El poeta expresa la pena de no haber vivido más intensamente, de no haber conocido otros lugares en los que contemplar atardeceres o descubrir sus paisajes. Es decir, expresa a lo largo de esta primera estrofa que su vida ha estado siempre circunscrita a un espacio, a un control o autocontrol de lo que hacía, decía y compartía, incluso, hasta de lo que comía. Muchos de los problemas personales que él pueda tener, son más algo psicológico que real.

El poeta se mira a sí mismo como un hombre que se ha auto controlado durante toda su vida y ha respondido a los demás de la manera que se esperaba de él. En esta estrofa nos plantea la idea de infelicidad porque, si bien ha tenido momentos alegres, la mayoría de las veces la alegría ha estado condicionada por los demás, no porque realmente fuera feliz. En realidad lo que desea es poder disfrutar de buenos momentos, de esos momentos que sólo te dan las vivencias plenas, el disfrutar de lo que la vida te ofrece.

En los siguientes dos versos da una visión personal de lo que para él representa la vida: sólo momentos. Y esos momentos son los que hay que aprovechar porque, si no se viven, se pierden y no vuelven.

El poeta también nos da una imagen de su persona como un ser hipocondriaco, con una necesidad de sentirse seguro en todo momento, quizás por su ceguera y las limitaciones que ello conlleva. Vuelva a retomar la idea de aprovechar el tiempo y del deseo de poder volver hacia atrás y vivir una vida llena de esos “momentos”.

En la penúltima estrofa sigue con la misma temática del renacimiento, de volver otra vez hacia atrás y en este caso, podemos interpretar los versos que escribe como la necesidad del poeta de volver a llenarse de nuevos conocimientos, el andar descalzo, como los peregrinos, los ermitaños, etc. que buscan esa sabiduría vaciándose primero de todo conocimiento. El poeta necesita un nuevo calor, una nueva primavera y verano que le haga sentir esa vida y, llegado el invierno de su vida, poder disfrutar que nuevos amaneceres, de viajar y, sobre todo, como hacen muchos ancianos, disfrutar de la compañía de los niños, de poder jugar con ellos y recordar esos momentos infantiles que todos hemos tenido.


Volver Inicio