El Infinito, Mario Benedetti

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De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente.

Quién iba a suponer
que segundo a segundo
cada migaja
de su pan sin límites
iba así a despeñarse
como canto rodado
en el abismo.

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Análisis

Cada vez más nos arrebatan algo y nuestro mundo, nuestra realidad, se hace más pequeño. La inmensidad nos va cercando cada vez más. Las pérdidas de libertad para soñar, para ser nosotros mismos, para comernos el mundo y conocerlo, son tan grandes que parece que caemos en vez de saltar, de avanzar, de llegar al cielo. Parecemos piedras destinadas a ser arrastradas y estar inertes para siempre.

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El poeta critica que se nos ponen más paredes, se nos coartan más nuestras libertades y el ser humano parece estar condenado a vivir eternamente en menos espacio. Parece que hay un interés en que vivamos recluidos en una realidad demasiado cercana cuando las personas necesitamos expandir nuestros horizontes, vivir nuevas experiencias cada día, conocer nuevos lugares, viajar, aprender algo cada día y, sobre todo, ser libres.

Se busca que el ser humano sea algo inmóvil, algo que acepte lo que se desea inculcar y que no vea más allá, que la realidad de la persona sea algo programado sin que desee conocer más, sin que desarrolle emocional y personalmente todo lo que desea. Y parece, según podemos extrapolar de una interpretación personal, que poco a poco se va consiguiendo.

Es por ello que el poeta escribe este poema para sirva como toque de atención, para conseguir que el ser humano despierte y vuelva ser otra vez el dueño de su propio destino. Que no se conforme con lo que tiene, que luche por lo que desea y, sobre todo, que derribe las paredes que sean necesarias para qué pueda conseguir esa libertad que siempre ha tenido y que nadie, por mucho que lo desee, puede llegar a quitarle.

Es un poema en el que se enfrenta la realidad de lo que empieza a suceder en una sociedad actual y lo que el ser humano es capaz de hacer para que esto suceda. El ser humano no es un ser insensible, no es una piedra inerte. El ser humano es un animal sediento de conocimiento, sediento de vida, sediento de libertad, sediento de conocer un mundo que no tiene fronteras, únicamente las creadas por el propio hombre.


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