Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan, Miguel de Unamuno

Publicidad
Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.

Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

>> Siguiente >>

Análisis

Miguel de Unamuno fue un importante poeta, filósofo y escritor español del siglo XIX. Perteneció a la Generación del 98. Nació en Bilbao en el año 1864 y murió en Salamanca en 1936. Su obra fue reconocida y valorada ya en vida, y por supuesto tras su muerte se ha consagrado como uno de los máximos exponentes en Lengua Castellana.

Publicidad

Entre 1880 y 1884 realizó sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Después realizó su tesis doctoral sobre Historia de la Lengua Vasca. Formó parte durante algunos años (1894-1897) de la Asociación Socialista de Bilbao. En el año 1900 fue nombrado Rector de la Universidad de Salamanca. Catorce años después fue desterrado por motivos políticos, se dirigió a Francia, donde viviría hasta pasada la dictadura de Primo de Rivera. Volvió entonces a Salamanca y retomó sus labores como rector y profesor en la Universidad.

Unamuno fue filósofo desde el comienzo de su carrera, centrando su temática en los conflictos interiores de todo individuo, buscando el punto intermedio entre fe y razón, refugiándose en Dios y cuestionándose el tema de la religión, la muerte y el paso del tiempo.

Nos encontramos ante un poema romántico, dulce y monorrimo compuesto por dieciséis versos de arte con rima asonante, podría tratarse de un madrigal según su esquema métrico.

El tema del poema es la pasión y debilidad que el poeta siente por los ojos de su amada Teresa. No será este el único poema en el que nombre a Teresa, tenemos por ejemplo su poema Si tú y yo, Teresa mía… Así como tampoco es el único poema en el que Unamuno se inspira en los ojos de su amada, Veré por ti es otro ejemplo.

Comienza el poema con una estrofa de cinco versos que correspondería a la introducción. Empleando en todos los versos construcciones gramaticales similares (prácticamente exactas) nos describe todos aquellos tipos de ojos que existen: los que miran, los que llaman, los que ríen, los que lloran, etc.

En la segunda estrofa (versos 6-12) el poeta se centra en los ojos de Teresa, los describe y le dice que los suyos no pueden ser clasificados dentro de un grupo, porque no sólo los abarca todos sino que los supera con creces, son sublimes, extraordinarios.

La tercera estrofa (versos 13-16) es la confesión que el poeta le hace a la dueña de estos ojos: en sus ojos nace y muere, son su vida estos ojos, desde su universo (esfera) a su hogar (casa y vereda), y para dar a entender que hasta qué punto muere por ellos, dice que son para él su tumba.

Este poema se caracteriza por la sinceridad y la sencillez en sus palabras. Destacan los siguientes recursos literarios: paralelismo (por ejemplo la primera estrofa al completo); antítesis, por ejemplo en el verso número cinco: adentro – fuera, o en los versos trece y quince: nazco – muero; epíteto, en el verso tres: “risa placentera”, verso cuatro: “llanto de pena”, verso diez: “ríen rientes” o verso once: “lloran llorosos”, etc.

Teniendo presente la calidad de los poemas filosóficos de Unamuno, resulta también agradable la lectura de un poema sencillo y cercano con el que valorar la belleza de lo creado, como por ejemplo unos hermosos ojos verdes.


Volver Inicio