Hasta Mañana, Mario Benedetti

Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño

que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido

por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?

Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.

No me lo digan cuando me despierte.

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Análisis

El poeta desea descansar, soñar. En el sueño, al dormir, no hay cabida para el odio o la muerte. Pero al mismo tiempo somos conscientes de que nuestro propio yo está en manos de ese mismo sueño. Sólo desea descansar, sin pedir nada a cambio. El poeta prefiere el mundo de los sueños porque en él no hay cabida para la muerte, el dolor, el sufrimiento. El poeta es optimista. El sueño le da fuerzas, pero la realidad no y no tiene fin. Finaliza el poema con un aviso al lector para que no le hablen del mundo cuando despierte porque no quiere saberlo.

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El sueño parece ser una válvula de escape para el poeta. Como él mismo escribe en estos versos, en sus sueños no hay cabida para dolor, para el sufrimiento y es por ello que prefiere esos momentos a la propia realidad, ya que ésta es cruel, dolorosa y le hace sufrir demasiado.

El poeta es consciente de que el ser humano ha conseguido muchísimas cosas en muy pocos años. Vivimos en un mundo que hemos transformado rápidamente en mucho menos tiempo del que lleva existiendo y, sin embargo, hoy día el ser humano sufre, es triste y en él hay muerte, destrucción, represión y, en muchas ocasiones, los sueños no se consiguen

Es por ello que el poeta se refugia nuevamente en el sueño, en esa válvula de escape que hemos citado anteriormente, para no tener que pensar en todo lo que le rodea, no porque no sea consciente de lo que ocurre, sino porque necesita momentos de ausencia para rebajar los niveles de tristeza, de sufrimiento y también, por qué no decirlo, de rabia, frustración y dolor.

Es por ello que cuando esos momentos terminan, como paso previo al enfrentamiento con la realidad que le rodea, prefiere que aquellos que están cerca de él no le digan nada de lo que sucede. Necesita momentos de transición para poder ser consciente de la realidad que lo rodea, de un mundo que, según él opina, es duro.

Lo que más dolor provoca al poeta es que se considera a sí mismo optimista y ese mismo optimismo el que le produce dolor, el que hace que todo lo que está cerca del y fuera también, le hace sufrir. Por eso necesita ese descanso, ese soñar con otros mundos más irreales, más felices, para, de alguna manera, recargarse de energía positiva y poder y seguir siendo fuerte.


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