Gratia Plena, Amado Nervo

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Todo en ella encantaba, todo en ella atraía
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
el influjo de su alma celeste amanecía...
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular.
Más que muchas princesas, princesa parecía:
era llena de gracia como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Yo gocé del privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
¡Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la Fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la mar!

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Análisis

El poeta nos muestran este poema casi una oración a una mujer a la que amó, con la que inició una relación profunda de entrega mutua y que lo transformó. A su lado supo lo que era amar de verdad. Esta mujer llamaba la atención con su personalidad, su físico y su conversación, que atraía a todos.

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Parece que ella era francesa y, como la virgen María, conocerla era no olvidarla nunca. Rubia, inocente y sincera. Ella era sencilla y se mostraba como era. Su belleza interior atrapó el poeta, que tampoco pudo olvidarla, dejar de pensar en ella. Tenía algo en su forma de andar, de vestir, de ser, que la hacía única.

En cualquier situación social destacaba y eso hacía que no pudiera pasar desapercibida nunca. El poeta tuvo una relación con esta mujer en un momento negativo de su vida y ella lo cambió todo. A su lado volvió la inspiración poética de la misma forma que se ama a la virgen María: con toda la pasión.

Su relación duró diez años. El poeta fue consciente que esa relación no podía durar para siempre y cuando ella quiso irse la dejó marchar con todo el amor que puede sentir un creyente hacia la virgen María y, al mismo tiempo, con el mismo dolor.

El poeta nos habla de un amor que marcó su vida de manera esencial y existencial. Se nos dan ligeras pinceladas acerca de cómo era esta mujer físicamente, de dónde era y también se nos dice el tiempo que duró la relación. Pero lo relevante de esta mujer, del poema, es lo que transmitía a todos aquellos que la conocían y, sobre todo, cómo la influencia que tuvo sobre protagonista del poema fue importantísima para redescubrir al amor y para qué, desde el punto de vista poético, surgiera una nueva inspiración, una nueva forma de sentir.

Por otro lado, el poeta nos dice que no se puede enjaular a una persona que lo da todo, que te cambia de la manera que esta persona lo ha hecho y que, además, desea ser libre. El poeta es consciente de ello y, como una madre, como un ser salvaje, deja que se marche, sabiendo que jamás volverá, pero con la felicidad de haber sido amado, de haber tenido la oportunidad de haber vivido una historia de amor única y trascendental.


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